lunes, 29 de agosto de 2011

El único déficit bueno es el déficit que no existe

Supongamos que usted tiene una casa y sistemáticamente golpea con un mazo los cimientos, no se extrañe si un día se le cae encima. Eso es lo que hace el déficit con la economía de un país. Ahora podemos discutir sobre las distintas maneras de golpear, la intensidad del golpe o el instrumento golpeador, pero lo único que evitará que la casa no se derrumbe será dejar de golpear. Por eso el déficit cero debe ser el objetivo. Salvo catástrofe, como lo ocurrido en Japón con el maremoto de hace unos meses, no hay gasto que no pueda esperar a otro ejercicio presupuestario. A excepción del pago de los intereses y la amortización de la deuda generada por ese déficit, lo cual redunda en mi argumento.

Y nunca, nunca, nunca se debe generar déficit en recesión. Siguiendo con el ejemplo de la casa, es como si en época de grandes inundaciones o fuertes vendavales, golpeamos más fuerte los cimientos de nuestra casa. ¡De locos, ¿no?!

Además, generar déficit es inmoral. Es gastar nosotros y dejar que paguen nuestros hijos. En vez de dejarles un país mejor, nos damos la gran fiesta y que limpie el que venga detrás. Que lo quieran hacer los políticos, que su largo plazo es a cuatro años vista, mal; pero que haya ciudadanos paganos –de pagar estos derroches– que lo apoyen, no llego a entenderlo.

El problema está que la izquierda, que cree que toda crisis se soluciona con el aumento del gasto público –bueno, en verdad, hay muchos que no saben las consecuencias del aumento de dicho gasto, pero si saben el rédito político que se consigue dándole a la manivela del presupuesto–, considera que algo de déficit siempre es bueno –lo que lo convierte en déficit estructural– o que es el margen que tienen para realizar políticas de izquierda, de lo social lo llamen ellos, de gastar lo que no se tiene lo llamamos los demás. Lo hemos visto en estos últimos años, que la fórmula aplicada por Zapatero –cuando era Zapatero– para solucionar la crisis ha sido aumentar el gasto público –metiendo gran parte de esos fondos en el sumidero del sector financiero– y, a parte de no solucionar nada, ahora, además, tenemos un problema de déficit –por gastar lo que no teníamos, ni siquiera lo que decían que aún teníamos– y no tenemos un problema grave de endeudamiento público porque partíamos de una situación de estabilidad presupuestaria envidiable, a falta de conocer el déficit oculto de las CC.AA.

Es por ello, que es necesario constitucionalizar la restricción al déficit, y esa restricción debería ser la prohibición total de generar déficit, como en el presupuesto de la U.E. Porque sino siempre habrá un gobernante tonto que nos hundirá en el endeudamiento para realizar políticas progresistas, es decir, gastar ahora a loco, sin preocuparse quien lo pagará después.

jueves, 25 de agosto de 2011

La reforma antizapatero

El 12 de mayo del año pasado, Zapatero debió dimitir. La política de izquierda radical que había llevado a cabo hasta ese momento había fracasado, lo lógico habría sido dimitir y que fuese otro quien llevase a cabo las reformas que España necesitaba, otro que creyese en ellas. Pero no lo hizo, prefirió mantenerse con un gobierno al dictado.

En lo económico al dictado de Merkel y Sarkozy y en lo político al dictado del PSOE. El partido le prohibió presentarse de nuevo, le obligaron a retirar a Carmen Chacón de las primarias, cargándoselas de paso. Le han obligado a adelantar las elecciones. El candidato que le impusieron, Alfredo Pérez Rubalcaba, le hace la contra siempre que puede, etc.

¿Qué le queda a Zapatero? La rendición de eta, o algo que pudiese vender como tal durante, al menos, tres cuartos de hora entre sus adeptos –que alguno le quedará–, tampoco. Realmente no le queda nada, nunca fue nada y así nos ha ido. Pero él aspira a ser algo más que un triste pie de página en la historia de España. Y el otro día, cuando le susurraron la reforma constitucional para incluir una limitación al déficit público –que un año antes había rechazado al presentarla Rajoy– le pareció algo estupendo.

La limitación del déficit público estaba establecida por ley, en la ley de estabilidad presupuestaria. Ley que Zapatero se cargó nada más llegar al poder, y de esos polvos estamos ahora metidos en este lodazal. Por lo tanto bastaría con volver a la redacción original de la ley para tener otra vez limitado el endeudamiento. ¿Porqué meterlo entonces en la constitución? Pues para evitar que venga, en el futuro, otro Zapatero que vuelva a cargárselo. Es la reforma constitucional antizapatero.

Y ya que estamos metidos en reformas constitucionales, podríamos dar rango constitucional a la prohibición de negociar con terroristas o que las reformas de los estatutos de autonomía necesiten una mayoría cualificada para ser aprobados en las cortes generales, entre otras. Deberíamos ampliar la reforma antizapatero, porque conociéndonos, más pronto que tarde, volveremos a poner a otro Zapatero en la Moncloa y así evitaríamos que se cargase España, como a punto a estado el de ahora.

martes, 23 de agosto de 2011

Al fin una buena idea

Zapatero propone reformar la Constitución para incluir un límite de déficit. Aunque la idea no es suya sino otra indicación –imposición– de Merkel y Sarkozy, bienvenida sea. Y Rajoy está de acuerdo con ella. No sé si dará tiempo a llevarla a cabo antes del 20-N.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Excusas para seguir votando PSOE

Ayer, TVE nos comunicaba que eta ha delegado en sus presos la decisión de dejar, o no, las armas. Lo que implicaría que se dejarán porque estos están deseando irse a casa. Hace unos días, tras el anuncio del adelanto electoral, una presentadora de los noticieros de la televisión pública nacional relataba que los logros conseguidos por Zapatero, incluyendo el fin de eta, no habían sido suficientes para contrarrestar el malestar provocado por la crisis internacional que desgraciadamente está sufriendo España durante su mandato. También se oye, cada vez con más frecuencia, que la actual crisis va a durar seis años y que ningún gobierno va a poder hacer nada para evitarlo, tampoco uno del PP; por lo tanto es mejor que gobierne el PSOE que siempre estará más cerca de los necesitados que la malvada derecha, que siempre saldrá por los ricos.

Cualquier observador, medianamente leído, pensará que estas melonadas no hay quien se las coma, pero se equivocará. Hay gente que está deseando comerse esto y ponzoñas peores, porque hay quienes están buscando cualquier excusa para seguir votando a los suyos. Como en la realidad no hay ningún argumento que haga puedas votar al PSOE, ni al señor del utilitario rojo, buscarás en el mundo de la fantasía. Y ahí es donde entra la maquinaria de propaganda socialista, experta en crear fantasías, sencillas pero de fácil replicamiento entre mentes campaneras.

Así que no se me tomen a chufla las mentiras simplonas, las boutades o los argumentos para niños de teta, ya que tienen un porque. Y no olviden combatirlos porque sino se pueden convertir en las verdades de las elecciones. Recuerden, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.