Antes de nada, indicar que lo que más le preocupa a este gobierno es el déficit. Lo cual es bastante lógico porque hasta que no se resuelva este problema no se podrá avanzar hacía el fin de la depresión. El gobierno constata perplejo que los fondos públicos se le escapan como agua entre los dedos. Necesita dinero y mucho; y necesita dejar de gastar y lo necesita hacerlo ya. Por eso me voy a centran en dos medidas que van directamente a intentar atajar esa urgencia, pero que son medidas equivocadas.
Subida del IVA: Si el gobierno finlandés, por poner un ejemplo, quiere recaudar más, sube el IVA y recauda más. Si el gobierno español sube el IVA recauda menos y Montoro lo sabe. Por eso el ministro de hacienda quería recaudar más, atacando las bolsas de fraude del IVA. Ya lo hizo en el 2003 cuando España necesitó dinero para paliar el desastre del Prestige. Es más, incluso dejando el IVA al 16% en este mismo año fiscal habríamos tenido un aumento del ingresos públicos derivados de la recaudación del IVA, con simplemente prohibir que se puedan reclamar impagos de deudas sin facturar IVA. Ya, si les metes la cuchara a los defraudadores, te forras.
Otro efecto negativo que tiene la subida del IVA, es que mientras el del IRPF, como seguramente pasará en el 14, se pueden bajar sus tipos impositivos. En cambio, hasta ahora nunca se ha recuperado una subida del IVA. Cuando las cosas vayan mejor, se tendrá asumido ese porcentaje de IVA y no se bajará.
Eliminación de la paga extraordinaria de navidad de los empleados públicos, que no solo de los funcionarios: Esto tiene toda la pinta de que han echado cuentas y no tenían fondos para pagarla, así que la retiran. Si se quisiera bajar el sueldo a los empleados públicos, se hubiese hecho como la otra vez, que es más justo. Porque al quitar la extra, la reducción es mayor en los tramos inferiores de la escala salarial y es menor su incidencia en los niveles más altos, estos tienen más “añadidos” que no computan para el calculo de la paga extraordinaria.
El salvaje aumento del gasto público asignado a personal en los últimos diez años, no ha venido por el aumento del salario de los empleados públicos, sino por el aumento del número de estos. Se han creado muchas “Tragsas” donde por un sueldo muy superior se realizan los trabajos que se han dejado de hacer en la administración. Es ahí, y en los chiringuitos administrativos, donde se debería recortar, no en el sueldo del funcionario, que no es lo mismo que empleado público.
Pero lo que menos me gusta de este plan es lo que no hay. Me falta la prohibición, que no sugerencia, de tener entes públicos independientes de la propia administración. Trasparecía total en el empleo público, todo empleado público debe estar adscrito directamente a la administración y su contratación debe ser siempre a través de un proceso abierto. Si el proceso de selección es muy complejo que se simplifique. Y trasparencia total en el gasto público, todo gasto debe ser a través del presupuesto, y si hay que externalizar algo, que se haga en una empresa privada que ya exista, nada de crearlas nuevas y encima con capital público.
En definitiva, ya llevamos seis meses de perdiendo el tiempo y lo que nos queda, hay que pinchar la burbuja administrativa. No podemos perder la oportunidad de la crisis. Hacen falta reformas, reformas importantes y hechas desde el convencimiento, no desde la obligación. Y si el gobierno quiere aprovechar la legislatura, no solo sobrevivirla, tendría que además repensar el sistema sanitario –no es normal que en un hospital haya más despachos que consultas médicas–, repensar el sistema escolar –la desgracia de educación que tenemos no se arregla con más o con menos dinero, sino con otro sistema–, y ya puestos repensar la constitución y el sistema tributario. Esto ya no es tan urgente, pero también es necesario.