Homenaje a la bandera
Ayer estuve homenajeando a la bandera. La bandera que oficializaron las Cortes de Cádiz. La que hemos tenido siempre en España, salvo en aquel experimento que terminó en guerra civil. La bandera de la Nación Española, una nación de verdad, la más antigua de Europa. La bandera que representa a mi patria, España. Que los liberales españoles siempre hemos unido en el binomio indisoluble de “ESPAÑA Y LIBERTAD”. Patria que alberga al único pueblo de verdad que tenemos en España, el Pueblo Español. Pueblo que, como único órgano soberano de la Nación, para organizarse, se dota de una ley suprema, la constitución. Constitución que, si alguna vez, no amparase la soberanía nacional de pueblo español y la unidad de la patria, sería ilegítima, ilegal e inmoral.
La Patria, que la hemos recibido de nuestros antepasados, muchos de los cuales dieron su vida por ella –por eso ayer también tuvieron su homenaje–, tenemos la obligación de legarla a nuestros sucesores. Ya que solo somos temporales usufructuarios de ella, no sus dueños, por eso no tenemos el derecho a romperla, pero sí la obligación de mantenerla.
Hay compatriotas míos –aunque ellos no lo sientan, lo son– que desprecian nuestra bandera. Allá ellos, porque ante esa bandera, los ejércitos y FFCCSE españoles juran defender nuestra integridad personal y patrimonial, incluyendo la suya. Ejercen unos derechos y disfrutan de unas libertades que poseen por vivir bajo esa bandera. Incluso, algunos ostentan cargos públicos porque existe esa bandera. Allá ellos.
Yo, que suelo ser bastante crítico con el Ayuntamiento, le doy las gracias por el acto de ayer. Gracias por permitirnos homenajear a la bandera. Que es lo mismo que homenajearnos a nosotros mismos, porque la bandera es España y España somos todos los españoles, que vivimos y padecemos en este trozo de tierra que los católicos reyes terminaron de conquistar para legárnosla.





