miércoles, 4 de junio de 2014

Una razón para que te echen del PP: pensar

En el espacio de una semana la ultraizquierda española ha cosechado el 26% de los votos en una elección nacional (cuando obtuvo un 7% hace cinco años), el PSOE se ha abierto en canal, Barcelona se ha sometido a las exigencias de unos violentos antisistema y el Rey ha abdicado. El Gobierno se enfrenta en estas fechas al mayor reto de toda la legislatura. El riesgo para España ya no es ser intervenida por Europa sino ser desestabilizada por los enemigos de su Constitución, los pescadores nacionalistas y de extrema izquierda cuyas ganancias dependen del río revuelto que ellos mismos revuelven.

En estas circunstancias, la capacidad de comunicación del PP –aquella que el propio Arias Cañete dijo que debía "mejorar"– va a ser imprescindible. Deberá ofrecer a los españoles una alternativa contundente a los crecidos discursos de división, rabia y rencor. Aquí van 10 + 1 ideas para alcanzar este objetivo:

Termine de leer el artículo “10 + 1 ideas para mejorar la comunicación del PP” de Percival Manglano.

domingo, 1 de junio de 2014

Rajoy era la última esperanza del sistema y ha fracasado

A las 11 de la noche se conoció el desastre. El PSOE había perdido 2.545.000 votos y el PP algo más, 2.596.000. La olla a presión socialista estalló al día siguiente con la renuncia de Alfredo Pérez Rubalcaba. Con el rosto marcado por cicatrices de mil batallas, el Rubalcaba del “si te vuelves, te la clava” tiraba la toalla, se rendía, decía adiós. Y ¿qué ocurrió ese lunes en Génova? Nada. Para Mariano Rajoy y su elenco de notables, aquí no ha pasado nada. ¿Nada? “No hemos sabido explicar bien lo que estamos haciendo; es un problema de comunicación y pedagogía”. ¿Eso es todo? Los dioses ciegan a quienes quieren perder. Tranquilidad, pues, y buenos alimentos en los cerebros que, en Génova y Moncloa, dirigen los destinos de la derecha, y desconcierto, perplejidad y alarma entre sus votantes y simpatizantes y, en particular, entre esos dos millones de españoles que votaron PP en las europeas de 2009 y que ahora han preferido quedarse en casa aferrados a la abstención, decepcionados con un Gobierno que ha fallado casi en todo y del que, como poco, esperaban una cierta autocrítica y un propósito de enmienda. Al contrario que la mayoría de los grandes líderes europeos, Rajoy ni siquiera se ha dignado dar una explicación pública, con tele o sin ella, de lo ocurrido. Lo dicho: ¡aquí no ha pasado nada…!

Naturalmente que ha pasado. Sobre el cuerpo electoral del PP ha pasado una apisonadora. Reconociendo las peculiaridades de unas europeas, el cuadro que ahora mismo presenta el PP como sedicente -y única- gran formación política de dimensión nacional es aterrador: Es un partido casi marginal en Cataluña y País Vasco; está a punto de perder las cómodas mayorías de que ha dispuesto en Valencia y Madrid; ha perdido por más de 10 puntos en Andalucía, y solo se mantiene con cierta prestancia, aunque perdiendo apoyos, en Galicia y ambas Castillas. Un horizonte más que preocupante para la estabilidad del país. Lo comentaba esta semana una acomodada pareja de jubilados madrileña: “hace año y pico que dejamos de pagar las cuotas al partido que veníamos pagando desde los tiempos de AP, y ahora nos hemos abstenido, porque ya no aguantamos más, pero, ¿qué vamos a hacer las próximas generales? Ese es el problema, porque, con el panorama que tenemos, igual hay que volver a votarlos…” Esa es la apuesta de los estrategas de la derecha, la gran esperanza de los Arriolos: que la alternativa sea tan mala, que el riesgo de ingobernabilidad del país sea tal, que el miedo a una coalición de partidos de izquierda sea tan grande que por sí solo obre el milagro de movilizar a quienes ahora les han dado la espalda. Que la sensata y miedosa gente de la derecha no tenga más remedio que volver a votar PP, agarrándose al clavo ardiendo del mal menor.

Termine de leer el artículo “También el PP está muerto, aunque todavía no huele” de Jesús Cacho.

lunes, 26 de mayo de 2014

Perroflautas al poder. ¿El fin del bipartidismo?

Que el gran vencedor de las elecciones europeas del 2014 haya sido el perroflauta de Pablo Iglesias es algo que no me preocupa. Cinco castristras, bien engrasados por el chavismo venezolano, más en el parlamento europeo. O se aburguesan para adaptarse a Bruselas, con lo que perderán su apoyo popular, o su idiosincrasia perroflautista hará que se despellejen entre ellos en un par de años.

En estas elecciones, la abstención entre los escasos votantes que acudían a las urnas en unas europeas habrá aumentado en unos diez puntos, más o menos el mismo porcentaje de quinceemeros, que no solían votar porque hasta IU les parecía muy conservador, que esta vez lo han hecho al tener a quien hacerlo, a Podemos, de ahí los resultados obtenidos.

Lo que sí me preocupa es quien ha sido el gran perdedor, el bipardisimo. Ni la gran coalición podría gobernar con este resultado, el PP y el PSOE se lo han de mirar muy bien. Los socialistas han de hacer una renovación de los pies a la cabeza y si quieren volver a ser alternativa de gobierno –pero una alternativa seria no la sección encorbatada del magma izquierdoso– deben huir de la tentación de elegir a otro Zapatero o Zapatera, necesitan un Redondo Terreros.

Por su parte, el PP ha de bajar de su torre de marfil –me refiero a los dirigentes, que los militantes hace tiempo que ni miramos a dicha torre– y demolerla. No podemos seguir haciendo el imbécil, creyéndonos nuestras propias excusas. La gobernabilidad de España está en juego y esto es lo suficientemente importante para no dejarla en manos de ineptos, arribistas e inanes, cuya única virtud ha sido ser lo bastante pelotas para que los mandamases les consideren de los suyos. Si no quieren que el partido se les disuelva como un azucarillo en el agua, han de darle vida. Y solo se le puede dar vida con democracia interna.

Si yo fuese dirigente del PP se me caería la cara de vergüenza, no sólo por los resultados electorales, sino por la campaña en sí. Solo hay que ver el poder de convocatoria y el perfil de los asistentes a los actos electorales del que se considera el principal partido de España, de Castilla y León y de Palencia. O se cambia, o esto se va por el sumidero.

viernes, 4 de abril de 2014

El soterramiento del tren azul

Quiero dedicar esta canción a Heliodoro Gallego, a los chiguitos de Izquierda Unida y a la Federación de Asociaciones de Vecinos de Palencia.



Sí, la canción hace apología del LSD, de unos tripis llamados “El tren azul” que los componentes de Leño consumían por esa época –finales de los setenta y principios de los ochenta–, más o menos en la misma época en la que empezó Gallego con su “bola” del soterramiento. Y hasta ahí las similitudes, el que vincule el consumo de estupefacientes con la defensa de la “trola” del hundimiento de las vías, lo hace por cuenta y riesgo de su mente enferma. A mí no me metáis en esas movidas. Escrito queda.

domingo, 30 de marzo de 2014

La muerte de la santa transición

Mantienen no pocos especialistas que, a pesar de las taras con que nació la vigente Constitución de 1978, el viaje a la libertad de los españoles hubiera podido recibir un nuevo impulso regenerador si, tras la crisis de la segunda mitad de 1992 (clausurados los fastos de la Expo de Sevilla y los JJ.OO. de Barcelona) y 1993, crisis que mandó al paro a más de un millón de personas en 18 meses, la Corona y la clase política se hubieran embarcado en una vuelta de tuerca modernizadora de esa Constitución, una vez desaparecido el riesgo de asonada militar. No hubo voluntad para emprender ese proceso. El sistema había cristalizado ya en lo que ha venido a parar hoy, en un reparto de los montes entre los partidos mayoritarios, los nacionalismos de derecha catalán y vasco, y la Corona como gran usufructuaria, todo bajo la protección financiera brindada por la elite empresarial situada al frente de las grandes empresas y bancos. Todos habían hecho ya de la libertad un negocio. Todos navegaban a sus anchas por el río de la corrupción que nos lleva, en particular un titular de la Corona que, con el visto bueno de los sucesivos presidentes de Gobierno, se había dedicado a acumular dinero y novias, no sin que antes Felipe González y sus mayorías desactivaran a una Justicia cuya independencia, reconocida en la Carta Magna, se segó de raíz.

Termine de leer el artículo “La tercera muerte de Adolfo Suárez” escrito por Jesús Cacho.