martes, 30 de marzo de 2010

Condeno la corrupción pero no perdono a los corruptos

Para mí, como ateo y liberal, lo único sagrado que hay es el dinero público, que es el dinero que nos quita el Estado, a la fuerza, para sufragar sus gastos. Si los gestores de lo público tuviesen tan alto concepto de dichos dineros como yo, se cuidarían mucho en despilfarrarlo, es más, tratarían cada céntimo con el cuidado y, porque no decirlo, con el cariño con que lo trata una honrada madre cuya familia le cuesta llegar a final de mes.

Por eso me molesta muchísimo cuando veo como se malgasta el dinero público, y se pueden imaginar lo que pienso cuando alguien mete directamente la mano en el cajón del Estado. Pero si, además, es del PP, el mosqueo que pillo ya es de campeonato.

A los políticos chorizos, yo les encerraba hasta que devolviesen todo lo robado con sus intereses correspondientes. Porque estos pájaros nos han robado a todos aprovechando las potestades que les da el cargo que ostentan. Pero si son del PP, en mayor o menor medida, llegaron a ese cargo con mi ayuda. Además, como soy militante de dicho partido, siempre hay alguien que te vincula, que te hace responsable, que te toca las narices con el tema. Y eso es algo que no me agrada en absoluto.

A uno, que intenta ser honrado y decente en su quehacer diario, no le gusta que le relacionen, aunque sea de forma muy indirecta y lejanísima, con personajes que se lo han llevado crudo. El PP debería ser mucho más diligente y contundente con los corruptos de su esfera porque, además del beneficio directo, se cargarían de razón para condenar la corrupción de los ajenos.

No me sirve la excusa de que el PSOE oculta a sus chorizos y que solo habla de corrupción para ganar votos, allá ellos. Si los socialistas crían chorizos, tendrán muchos y les pasará como en tiempos de Felipe González.

lunes, 29 de marzo de 2010

El mal ya está hecho

Parece que sí, que ahora es la buena, que por fin sale la sentencia del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Que más dará, que anulen mucho o que anulen poco, si el mal ya está hecho. El famoso “Estatut” ha sido la puntilla que ha matado a la Constitución de 1978, que tenía en su interior –en el Título VIII– su propio mecanismo de autodestrucción. Ya solo falta enterrarla, que me temo que lo harán sin funeral y por la puerta de atrás.

Por otro lado, si queremos salvar la Nación –a la española me refiero– solo nos queda empezar de nuevo, con una nueva Constitución, que nazca del consenso, como la del 78, pero con la experiencia de los treinta años pasados. El espíritu de consenso y generosidad que hubo entonces ahora no lo hay. Y con la actual casta política, ni creo que lo haya, ni ellos creen que haga falta. Así nos va.

Además, ¿qué hemos aprendido en estos treinta años?:

Qué por muy generosos que seamos nunca habrá acomodo, dentro de España, para los nacionalismos. Que su visión totalitaria de la nación y del papel de los súbditos dentro de ella es incompatible con un estado de libertades.

Que hay ciertas cosas que deben ser inamovibles sin el concurso de toda la Nación.

Que ya no tenemos el espadón sobre nuestras cabezas. Igual en el 78 tampoco era para tanto pero fue utilizado por algunos para presionar.

Que ya no tenemos que elegir entre marxismo o el capitalismo. O al menos eso espero.

Y por último y más importante, que se puede, y se debe, contar más con el pueblo soberano para definir la carta magna.

¿Cómo debería ser esa Constitución?:

Consensuada, pero entre los que desean ser españoles, sino volveríamos a cometer los mismos errores que en 1978.

Debatida, no solo en las Cortes sino también entre los ciudadanos. Aquí estaría bien aplicar a los medios de comunicación su obligación de servicio público como consecuencia de su concesión pública, para esto sí que está.

Que deje meridianamente clara la separación de poderes, con sus mecanismos para reforzarla y con sus contrapesos. Esto es fundamental para que España sea una verdadera democracia. Más estado y menos gobierno, que es lo contrario de lo que tenemos ahora.

Que quite poder a los partidos políticos. La democracia no puede sostenerse solamente en los partidos. Esta es una las grandes taras de la España actual, que no tenemos democracia sino partitocracia.

Y que algunas principios básicos o temas polémicos los decida el pueblo a través de referéndums previos: la cadena perpetua, el encaje de la Iglesia en el Estado,… ¿la monarquía?

No es más que una idea pero ahí la dejo.