Era la noche del 13 de junio de 1999. Venía con un amigo a Palencia con la intención de celebrar la revalida como alcalde de Marcelo de Manuel. A tomarnos una cerveza, o las que cayesen. Estábamos convencidos de que el PP volvería a ganar. Qué poco oteábamos el ambiente, o que soberbios éramos creyendo que las rencillas internas no nos haría perder las elecciones. Pero no llegamos. Escuchamos por la radio, por entonces era por donde mejor daban a conocer los datos electorales, que los socialistas obtenían la mayoría absoluta y se nos quitaron las ganas de ir. Nunca nos tomamos esa cerveza… hasta ayer.
Ni por asomo, esperábamos sacar 14 concejales. Ganar sí, por los pelos, pero ganar como mucho. Así que cuando se confirmó el dato, me fui a la comosellameahoralaextasisdetodalavida a tomarme esa cerveza que llevaba doce años esperándome. Felicité a todo el mundo, abracé a Alfonso y cuando me terminé mi cerveza me volví para casa, que ya no tengo la misma disponibilidad que en el 99. He de reconocer que disfruté mucho –llevaba mucho tiempo esperando hacerlo– y que me sentí –y sigo sintiéndome– partícipe de esa gran alegría que ha sido ganar el ayuntamiento de Palencia para el PP.
Una gran noche.
Coda: Cuando iba a la fiesta me crucé con varios dirigentes socialistas, ¡menudas caras que tenían!, la verdad es que no eran para menos. El batacazo de bajar a 10 concejales es de aupa. ¡Y no solo es el efecto Zapatero!, también es el hartazgo del heliodorismo.