miércoles, 9 de junio de 2010

La huelga que no fue

Ayer, estaban convocados a la huelga tres millones de empleados públicos, pero apenas la secundaron cuatro gatos. En otras ocasiones los sindicatos convocantes se lo “curraban” un poco más. Los días previos daban mítines en los centros de trabajo. Los piquetes informativos –normalmente matones– recorrían todas las instalaciones para “invitar” a sus “compañeros” a abandonar el lugar de trabajo. Pero en esta ocasión, más allá, de docena y media de liberados con trompetillas dando la murga por Palencia, no vi más signo de la dichosa huelga de funcionarios.

Eso sí, nos dejaron bien clarito que una cosa es hacer huelga en contra de la reducción de los sueldos decretado por Zapatero y otra es, que alguien se pueda pensar que estaban ayudando a Rajoy, eso nunca.

Para la próxima, que será la general, yo haré huelga si puedo hacerla, también, en contra de los sindicatos. Porque, no es que esté muy a favor de Zapatero, pero estos sindicatos, que le han estado dando “tanto cariño” cuando se veía que nos llevaba a la ruina, no los puedo ver ni en pintura. Y si fuese militante de U.G.T. o CC.OO. estaría pidiendo la dimisión de sus máximos responsables, no por el fracaso de ayer, sino por la “jetada” que se han traído desde que empezó la crisis.

Si los sindicatos quieren recuperar algo de credibilidad deberían renunciar a todos los liberados sindicales, que maldita la falta que nos hacen.

lunes, 7 de junio de 2010

Esto, ni es ejército, ni es na´

Nos han contado que el 23F fue un intento de golpe de estado de unos militares contra el poder civil. No digo yo que no, pero las consecuencias –algunas de ellas– fueron que el rey salió fortalecido –y hasta ahora– en la época en que el Juan Carlos I borboneaba como en los mejores tiempos de sus antepasados. Otra consecuencia fue que el ejército dejó de existir como institución. No solo el ejército en su conjunto, sino que cualquiera que haya llevado el uniforme queda estigmatizado como ciudadano, y ya no te digo como aspirante a entrar en la casta política.

Este ninguneo ha llegado a su más miserable plasmación pública, en las humillaciones que Calígula Zapatero, a través de su caballo Chacón, está realizando últimamente a la milicia española. Les cambian el procedimiento de ascenso para que sea el comisario político el que tenga la última palabra. Les niegan las medallas a los fallecidos en combate. Les retiran de los actos religiosos tradicionales. Transforman el museo del ejército de Toledo en el museo de la vergüenza militar. Y lo que llegará.

Igual son paranoias mías, pero esto me suena a atornillamiento de la institución que tiene la misión constitucional de “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional” (art. 8), tal y como recordó en su famoso discurso mi paisano, el teniente general José Mena Aguado, en la Pascua Militar de 2006. ¿Será porque la ministra de Defensa es una progre antiespañola?

viernes, 4 de junio de 2010

Ni sostenella ni enmendalla, sino aumentalla

La ministra más pijirockera del gobierno, Trinidad Jiménez, aquella que nos asustó con la gripe A, ha anunciado el endurecimiento de la ley antitabaco. Todos recordamos como al inicio de la prohibición de fumar en el puesto de trabajo, las puertas de los centros estaban llenas de fumadores. En cambio ahora apenas hay. ¿Será que han dejado de fumar? No lo creo.

Por otro lado, si hay tanta gente a la que le molesta el humo del tabaco en un bar o restaurante, habría bares y restaurantes donde estuviese prohibido fumar, llevándose así esa clientela. En cambio, el único local que prohibió fumar en Palencia, tardó un par de meses en cerrar.

Así que en vez de reconocer el fracaso de su política prohibicionista, el gobierno ha decidido morir matando y va a prohibir fumar en casi todos los sitios. Personalmente no me afecta porque hace más de cinco años que no toco un cigarrillo pero la restricción de las libertades me molesta afecte a quien afecte.

Coda: Me estoy imaginando la siguiente escena. Lugar: el único bar de cualquier pueblo de la provincia de Palencia –donde lo haya–. Tiempo: dentro de ese corto espacio de tiempo en que permanece abierto –los días que lo hace–. Situación: uno de los parroquianos –de la escasa media docena que habitualmente transitan por el establecimiento– saca un cigarrillo y lo enciende. En ese momento, el dueño del bar le increpa, exigiéndole que lo apague, no sea que pase la guardia civil y le multe. ¿Lo ven factible? Yo no, diga lo que diga la ley.