Los catalanes son los más españoles entre los españoles, para lo bueno y lo malo
No es momento de abordar aquí la génesis de aquel “café para todos” que, con Adolfo Suárez al frente, alumbró el Estado de las Autonomías, ardid con el que se pretendió escamotear las demandas de las llamadas nacionalidades históricas. Sí de recordar brevemente cómo los dos grandes partidos “nacionales” evolucionaron rápidamente hacia estructuras muy jerarquizadas, férreamente controladas por una reducida cúpula dispuesta a defender su estatus a sangre y fuego. Lo de los partidos nacionalistas resultó incluso peor. Ante las señales de debilidad que empezó a expandir un centro (Madrid, para entendernos) entregado al pillaje desde la expropiación de Rumasa, las elites nacionalistas decidieron que era llegada la hora de crear su propio Estadito mediante la práctica permanente de un tironeo -competencias y dinero a partes iguales- que ha dejado exangüe al Estado y en pelota la efigie de una España que camina sin rumbo, la saya rota y la mirada extraviada, como esos vídeos dizque sexuales que ahora se exhiben en la campaña catalana. “Votadas las autonomías”, decía Manuel Azaña en uno de sus celebrados discursos, “el organismo de gobierno de la región es una parte del Estado español, no es un organismo rival, ni defensivo ni agresivo, sino una parte integrante del Estado de la República Española. Y mientras esto no se comprenda así no entenderá nadie lo que es la autonomía”.
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Interesante.
ResponderSuprimirMuy certero el palentino de Villarmentero. Da de lleno en todo.
ResponderSuprimirBueno, en realidad Azaña también dijo esto:
ResponderSuprimir"Una persona de mi conocimiento asegura que es una ley de la historia de España la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años. El sistema de Felipe V era injusto y duro, pero sólido y cómodo. Ha valido para dos siglos."
Manuel Azaña, "Memorias".
"Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco ."
"Memorias".
Demostró así, lo evidente: Azaña era imperialista antes que izquierdista y no fue ni es el único.
Desgraciadamente la gente no entiende que para amar la cultura hay que amar a todas las culturas del mundo y que aquéllos que aman a una cultura sí y a otra no, no son amantes de la cultura sino de la política y de la política imperialista que emana de la economía.
Los patrioteros que, antes de ser de izquierdas y defender la justícia social prefieren ver España a manos el fascismo de Franco que ganó la guerra con ayuda de Hitler y Musolini.
A Manuel Azaña, el mezquino imperialista yo le contrapongo un hombre que fue capturado por la gestapo en Francia y entregado a Franco para ser fusilado por el único delito de ser el representante de los trabajadores del país oprimido/invadido/humillado/prohibido,... de Catalunya.
Como Companys dijo:
"Hay gente dispuesta a morir por la liberad, yo también. Hay gente dispuesta a morir por la democracia, yo también. Hay gente dispuesta a morir por la justícia, yo también. Pero solo los catalanes estamos dispuestos a morir por Catalunya. Visca la llibertat, catalans!".
contra el feixisme ara i sempre! castellà, català on d'on collons siguis! visca la llibertat, visca el poble, mori el mal govern!
ResponderSuprimirmorin els que ens desprecien per ser el que som! només ens oprimeixen pels cuartos!
El fascismo quiere pasar por Madrid, Madrid será la tumba del fascismo! Visca Durruti, de León enterrat a la capital de Catalunya y que los fascistas robaron su cuerpo.
La única ciutat de l'estat espanyol que té una plaça dedicada a Bonaventura Durruti és Barcelona, ni Lleó, ni Madrid,... quina vergonya!
Visca Durruti! i Visca la llibertat, catalans!
http://www.dalealplay.com/informaciondecontenido.php?con=28117
ResponderSuprimirManuel Azaña se dejó llevar por el extremismo del socialismo salvaje y revolucionario de los años 30 y esa conjunción frentepopulista fue su tumba. Pero, a priori, no era un sinvergüenza como gran parte de sus correligionarios, a los que pone de vuelta y media en sus diarios, de gran prosa por cierto, aunque a decir de Unamuno, tuviera pocos lectores.
ResponderSuprimirAzaña siempre se cabreaba cuando en un mitin izquierdistas exaltados clamaban "contra la burguesía". "¡Que yo soy burgués!"- decía el alcalaíno. Era un burgués con un pensamiento ilustrado pero pasado por el tamiz de la izquierda de entonces, pudo ser un liberal progresista, pero las circunstancias no le fueron propicias y se dejó llevar. Se arrepintió. Pero ya era tarde. Le presentaron como un anticlerical por defender la separación Iglesia-Estado, pero cuando pudo mostrar su faceta tolerante salió con eso de que una iglesia no vale la vida de un solo republicano legitimando tropelías. Se cegó por el sectarismo, por el Lenin español, enredó contra un Lerroux bastante decente en sus últimos años y se equivocó también dando manga ancha a ese voraz nacionalismo que como dice Vargas Llosa es el mayor peligro de las democracias.
El que hace apología de Durruti, más le valdría que se culturizara un poco. Parece mentira que en pleno 2010 sigan con las proclamas de los años 30 diciendo que Madrid será la tumba del fascismo. Falta el "No pasarán". Pero deberían saber lo que ocurrió, pasó y se quedó 36 años sin que la izquierda hiciera nada, salvo acoplarse a aquel régimen que tantos beneficios les ha reportado. Hasta la actualiad además.
Y alguien que dice defender la libertad para enseguida lanzar proclamas guerracivilistas trasnochadas resucitando a Durruti resulta francamente penoso. Qué pena.
Como Companys dijo:
ResponderSuprimir"Hay gente dispuesta a morir por la liberad, yo también. Hay gente dispuesta a morir por la democracia (popular, soviética se entiende), yo también. Hay gente dispuesta a morir por la justícia, yo también. Pero solo los catalanes estamos dispuestos a morir por Catalunya. Visca la llibertat, catalans!".
Como Hitler dijo:
"Hay gente dispuesta a morir por la liberad, yo también. Hay gente dispuesta a morir por el nacionalsocialismo, yo también. Hay gente dispuesta a morir por la justícia, yo también. Pero solo los arios estamos dispuestos a morir por Alemania. Viva el III Reich, alemanes!".
El nacionalismo de izquierdas no es sino el fiel reflejo del nacionalsocialismo. Les preocupa más la identidad que la libertad, la justicia o la democracia. Solo quieren la pureza de la raza, la etnia, la tribu, llamenla catalana, aria, vasca o como deseen, son los mismos perros con distintos collares, aunque a veces hasta parecidos.
La cita del post anterior sobre Hitler es falsa.
ResponderSuprimirLo que dijo Hitler (y practicó el franquismo) fue: "A los territorios ocupados no debemos enseñsarles su propia historia. Porque un cerebro iluminado con nociones de historia podría concebir pensamientos políticos y esto a nosotros no nos favorecería en nada" (Declaraciones de 12 de Abrilde 1942 en Praga). Buscala si quieres. Mi cita sí es auténtica la tuya no, la tuya es una mentira.
Los nazis surgieron de las derechas capitalistas para aplastar la revolución bolchevique que estalló en Alemania con los espartaquistas de Rosa Luxemburg y Lienchestein.
Su intención, con la excusa del espacio vital, era formar un III Reich o Imperio porque el nazismo era imperialista y agresivo (como el de los españoles de Franco cuyos hijos militan en el PP)
En Italia el fascismo, que surgió antes del nazismo, surgió con intenciones imperialistas sobre Líbia y otros territorios que, a pesar de ser del bando vencedor de la 1ªGM no les concedieron.
No surgió del nacionalismo sino del imperialismo y fueron los patronos italianos quoienes subvencionaron a Musolini para acabar con las colectivizaciones de tipo anarquista que había en Italia.
Lo mismo pasó en España fueron los patrones, las derechas democratas, los carlistas, los banqueros, los monárquicos, quienes pagaron al ejército para derrotar al estado escogido por la voluntad popular de los trabajadores.
O sea que no digáis más sandeces.
El fascismo, el nazismo y el franquismo nacen del liberalismo económico expoansionista, ya deberiaís saberlo,...preguntádselo a vuestros caciques. Ellos lo saben bien.
Imagino que la frase descontextualizada que se tomó del vasco de derechas Sabino Arana respecto a un supuesto R.H. negativo en el ADN de los vascos ha hecho mella en el imperialismo español para justificar que todo tipo de nacionalismo no español es racista.
ResponderSuprimirSe meten en el mismo saco, de esta forma, los nacionalismos de centro y de izquierda de las periferias y se las acusa de ser excluyentes cuando jamás lo han sido ni siquiera las de centro.
Y digo de centro porque, tanto en el caso vasco como catalán en la actualidad de nacionalismos de derecha o de ultraderecha no hay.
No puede decir lo mismo el nacionalismo español.
No son los catalanes ni los vascos los que todavía hoy salen a la calle con banderas de Falange Española.
Un partido, por otra parte, equiparable al Partido Nacional socialista de los trabahjadores alemanes cuyo presidente fue Adolf Hitler.
En Alemania está prohibido dicho partido y es crimen que se castiga con la cárcel hacer apología del nazismo.
En España, sin embargo, cada 12 de octubre, 34 años después de la muerte del dictador se celebran por todas partes manifestaciones donde están presentes estos partidos.
Ni en Cataluña ni en Euskadi no hay un solo lugar donde la gente no pueda hablar y formular todo tipo de documentos en lengua castellana pero no se puede redactar ningún tipo de documento en catalán, vasco o gallego fuera de sus respectivas comunidades autónomas ¿y ellos son los excluyentes encima?.
No hay ningún catalán de la Catalunya coilonizada por España ni siquiera de la Catalunya del estado andorrano que no sepan hablar y escribir perfectamente en castellano. ¿Pero cuántos castellanos saben catalán?.
Lo mismo sucedió en América latina y esta relación desigual de poder tiene un sentido la desaparición de la lengua minorizada, como sucedió en muchos pueblos amerindios.
Dicha estrategia que utilizan los nacionalismos agresivos e imperialistas tiene un nombre bien definido y estudiado: dominación cultural.
Este nacionalismo que se impone a los demás y que limita tanto como puede la lengua y la cultura de los pueblos dominados es el verdadero nacionalismo excluyente y aunque, la democracia para entrar en el capitalismo europeo ha obligado a rebajar este sistema de opresión y dominación desde hace 34 años sigue vigente en la actualidad.
Jamás ha existido un partido llamado nacionalsocialista en Cataluña. En cualquier caso el NSPD de Hitler, al que debe hacer referencia, fue el que ayudó a Franco a derrotar la revolución del 1936 que se caracterizó por su afán de justicia social (reforma agraria, repartición de latifundios entre campesinos sin tierra, colectivizaciones de fábricas), libertad (de opinión, de religión, de prensa, de educación con paridad)y cultura (Picasso director de Bellas Artes, Buñuel director de artes cinematográficas, Lorca, Alberti, etc.). Fueron los nacionalsocialistas los que bombardearon Gernika (inmortalizada por el cuadro de Picasso), fueron los fascios de Mussolini los que bombardearon Lleida y otras para conseguir el efecto de infundir terror por represión al asesinar a población civil desarmada en lugar de buscar objetivos militares. Además, cuando todo hubo acabado y Franco venció con sus aliados nacionalsocialistas y fascistas, fue la Gestapo quién capturó al representante de los trabajadores catalanes, Lluis Companys, en la zona de Vichy y quienes lo entregaron a Franco para ejecutarle tras un juicio farsa donde no se aceptó ninguna prueba de la defensa y donde todas las acusaciones eran falsas. Esto puede comprobarse muy fácilmente pero ocuparía más espacio.
ResponderSuprimirLa legalidad vigente en Cataluña que tanto daño dicen que hace tan solo trata aspectos como que debe rotularse como mínimo en catalán y luego en todas las lenguas que se quiera. Esto solo ha sido posible durante dos breves repúblicas y después de treinta y cuatro años de democracia puestote desde 1714 hasta 1975 (excepto dos repúblicas) siempre se ha prohibido hablar y escribir en catalán en Cataluña y en cualquier parte del estado español
Si tan trasnochada está la guerra civil ¿porque no condena el franquismo el PP? ¿Porque no se prohiben los partidos de corte fascista como FE, Falange Auténtica, España 2000, etc.? ¿Acaso no es ilegal el fascismo en una democracia?¿Porque los conservan?¿por si los necesitan otra vez? ¿Por que Aznar subvenciona la Fundación Francisco Franco?¿Porque no se permiten recuperar los cuerpos enterrados en las cunetas? ¿porque no se tira adelante con la ley de memoria histórica?,...
ResponderSuprimirY ahora... ¿los que sacan a relucir la constitución del 1936 que era mucho más avanazada, progresista, liberal, auténtica, popular y civilizada que la heredada del franquismo en 1978 son los que viven anclados en el pasado?
Creo que no,...creo que la Constitución del 36 fue una consttución avanzada a su tiempo (excepto en lo que se refiere a la penade muerte que entonces todo el mundo aplicaba y que tuvo que aplicarse por las ircunstancias que todos sabemos). Aparte de esto creo que los que viven anclkados en el pasado y en el franquismo son los que sacan a relucir la sacrosanta constitución del 78 (donde habrán autonomías pero también unidad nacional ante todo y el rey elegido por Franco).
Los catalanes no pertenecen a una sola clase social,la burguesa (la que le quita todos los votos importantes de la patronal ala derechona trasnochada del PP que tiene tintes neonazis con personajes como Albiol que criminaliza a los emigrantes, o cuando comparte las ideas de Plataforma por Catlunya que es declaradamente xenofoba, o cuando juegan a disparar a emigrantes y catalanes).
ResponderSuprimirLos catalanes tienen la virtud y el defecto de creerse un país libre a pesar de estar sometidos a españa todavía y tienen múltiples divisiones entre las izquierdas y las derechas además de los partidarios de formar parte de la metropoli española.
Deberían hacer más caso de sus propios refranes y hacer frente común contra el españolismo opresor porque "No es pot dir blat fins que no és al sac i ben lligat" (no se puede decir maíz hasta que no estácen el saco y bien atado) en vez de actuar como si fuera un país dentro de otro país.
Ahora se podría conseguir: 87 escaños pertenecen a partidos que organizaron las consultas por la independencia. A saber: CIU (62)+ICV (10)+ ERC(10)+ SI(4) + Reagrupament (1).
Veremos si son capaces de hacer frente unido en vez de actuar como si ya fuesen un país libre como hacen siempre y se peleen entre ellos.
“Los nazis surgieron de las derechas capitalistas para aplastar la revolución bolchevique que estalló en Alemania con los espartaquistas de Rosa Luxemburg y Lienchestein.”
ResponderSuprimirFalso. Los nacionalSOCIALISTAS eran socialista con un clara racismo nacionalista. Es decir como la mezcla de Montilla y Carod-Rovira. Y eso del capitalismo… JA, JA, JA. Pero si eran unos corporativistas totales que practicaron un proteccionismo palmario y se declaraban antiliberales, en contra de las democracias liberales y del libre mercado. De ahí que a muchos no extrañara que llegaran a pactar con Stalin, los extremos se tocan porque no están tan lejanos.
“Su intención, con la excusa del espacio vital, era formar un III Reich o Imperio porque el nazismo era imperialista y agresivo (como el de los españoles de Franco cuyos hijos militan en el PP)”
¿Ahora me vas a decir que la URSS no era imperialista ni agresiva? ¿Era un paraíso como el que refleja Archipiélago Gulag, verdad? Por eso, querían repartirse Polonia Hitler y Stalin, por eso la Rusia actual todavía supura por la desmembración de extinta unión de repúblicas socialistas soviéticas, por eso querían controlar el mayor terrreno posible, por eso se produjo la Guerra Fría… vamos, hombre, que no engañas a nadie.
Respecto a los españoles de Franco cuyos hijos militan en el PP. Que yo sepa mucha gente de centro-derecha era antifranquista y luchó incluso de forma clandestina, desde Amando de Miguel a Jiménez Losantos pasando por César Alonso de los Ríos, Carlos Semprún Maura. Que yo sepa los que tienen padres franquistas son José Bono, Maru Menéndez, Bermejo, Narbona, Cebrián, en fin, toda esa pléyade que hoy osan expedir carnés de demócratas pero que vivieron cómodamente apoltronados durante el franquismo. Y eso incluye a los nacionalistas que dejaron de serlo cuando les convino para luego mostrar ese discurso victimista que ahora les permite conculcar derechos civiles y cercenar libertades individuales en el nombre de ese ente abstracto que es la patria, “haciendo país” como dicen, emulando ese espacio vital que buscaba Hitler con su III Rich, y que los catalanes vienen en denominar Països Catalans con ese afán expansionista que compartían tanto los nazis como los bolcheviques, y que también podemos ver en las Vascongadas con esa Euskal Herría que defienden esos racistas a golpe de bomba y tiro en la nuca, ya que algunos de estos nacionalistas exaltados no solo comparten el nacionalismo hitleriano, el fanatismo sectario y el dogmatismo dictatoria, sino también el uso de la violencia para conseguir sus fines políticos, cosa que no fue ajena a Cataluña con Terra Lliure.
“No surgió del nacionalismo sino del imperialismo y fueron los patronos italianos quoienes subvencionaron a Musolini para acabar con las colectivizaciones de tipo anarquista que había en Italia.”
ResponderSuprimirMusolini es el mejor ejemplo de socialismo elevado a la máxima potencia. Ahí comenzó sus andaduras y solo agregó un nacionalismo y una aversión visceral al liberalismo. De hecho, se apoyó como Hitler en las clases bajas y obreras igual que el Führer que era líder del partido nacionalsocialista de los “trabajadores”.
“Lo mismo pasó en España fueron los patrones, las derechas democratas, los carlistas, los banqueros, los monárquicos, quienes pagaron al ejército para derrotar al estado escogido por la voluntad popular de los trabajadores.
O sea que no digáis más sandeces.”
Sandeces las tuyas. No fueron las clases altas ni los patrones, ese caduco marxismo de la lucha de clases en el que se han basado los más siniestros regímenes criminales es un soberana estupidez. De hecho, los regímenes totalitarios se apoyaron en las masas de analfabetos y en las clases populares que son las primeras en agarrase al proteccionismo corporativo y populista, de ahí que sea por ejemplo las primeras en criticar la inmigración que ven como competencia y el deseo de eliminar todo aquello que se salga del esquema sectario que previamente les han inculcado mediante la propaganda los engendros extremistas que se sirven de ellos para cometer cuantos atropellos estimen oportunos.
“El fascismo, el nazismo y el franquismo nacen del liberalismo económico expoansionista, ya deberiaís saberlo,...preguntádselo a vuestros caciques. Ellos lo saben bien.”
ResponderSuprimir¡Premio a la mayor mentira leída en mucho tiempo! El fascismo y el nazismo especialmente hunde sus raíces en el ideario socialista, a veces con tintes anarcoides como la vertiente joseantoniana del falangismo, cuyos preceptos están en las antípodas del liberalismo, tanto económico como político, que no es expansionista como sí lo ha sido el denominado socialismo real queriendo imponer bajo la apariencia de internacionalismo sus tiranías en el mayor número de lugares posible.
Un ejemplo elocuente de la idea que tenían los falangistas del liberalismo económico o capitalismo:
http://www.youtube.com/watch?v=E6VMM3nyMEs
"El socialismo, contrafigura del capitalismo, supo hacer su crítica, pero no ofreció el remedio, porque prescindió artificialmente de toda estimación del hombre como valor espiritual; así, en Rusia, inhumanamente, no se ha pasado aún del capitalismo de Estado, y es cada día menos probable que se llegue al comunismo". (Primo de Rivera).
ResponderSuprimirTodo un alegato a favor del socialismo que hizo su crítica al capitalismo por parte de un falangista pro-fascista, pues el falangismo no era sino socialismo trufado de retórica pseudoespiritual y procatólica (tan clerical como la del nacionalismo vasco en cuyas sacristías protegía etarras) y que tanto disgustaba a los esótericos Himmler y Hitler. No obstante, acierta cuando habla de ese capitalismo de Estado, que ya no es capitalismo, sino corporativismo, control y planificación estatal sin ningún margen para la iniciativa individual, pero aun así vemos el lamento joseantoniano por la utopía no realizable de ese comunismo que decían combatir, pero que sin embargo, practicaban.
Indalecio Prieto (SOCIALISTA), Palabras de ayer y hoy, p. 17. Santiago de Chile. 1938. Sobre Primo de Rivera:
"Data de muchísimo tiempo la afirmación filosófica de que en todas las ideas hay algo de verdad. Me viene esto a la memoria a cuenta de los documentos que José Antonio dejó en la cárcel de Alicante. Acaso en España no hemos confrontado con serenidad las respectivas ideologías para descubrir las coincidencias que quizá fueran fundamentales, y descubrir las divergencias, probablemente secundarias, a fin de apreciar si éstas valían la pena ventilarlas en el campo de batalla".
“Imagino que la frase descontextualizada que se tomó del vasco de derechas Sabino Arana respecto a un supuesto R.H. negativo en el ADN de los vascos ha hecho mella en el imperialismo español para justificar que todo tipo de nacionalismo no español es racista.”
ResponderSuprimirLa frase no resulta tan descontextualizada como quiera darse a entender. Sabino Arana no era de derechas, era sencillamente nacionalista, que algunos enseguida colocan la etiqueta con un simplismo reduccionista claramente manipulador que les evita tener que pensar y caen en un maniqueísmo de izquierda-derecha, bueno-malo que resulta pueril y propio de mentes cerriles incapaces de una serena reflexión. Arana era ultracatólico y clerical como gran parte del nacionalismo vasco, aunque incluso los que se definen marxista-leninistas como la ETA muchas veces han acudido bajo el manto de esa Iglesia nazionalista que tanto les ha apoyado. Y lo del RH negativo lo dijo el propio Arzalluz y el PNV que pactaba con todas las marcas blancas de ETA, con Herri Batasuna o con Ezker Batúa. El nazionalismo siempre encuentra su cobijo en la izquierda extremista y antidemocrática, generalmente muy ligada a la violencia con esos discursos incendiarios que tanto gusta de practicar. Aquí el único imperialismo que hay es el de las regiones que se creen naciones con ansias expansionistas similares a las del gorila rojo venezolano, a las de la Rusia soviética o a las de todos los totalitarismos del siglo pasado. No hay nacionalismo español como tal, no es racista porque si acaso existe el patriotismo, cosa muy distinta, cada uno es libre de amar o tener un sentimiento positivo sobre su país de origen, el nacionalismo no es amor por el propio país, sino odio excluyente y visceral por lo que consideran foráneo y cuyo único deseo es arrasar a los que no son como ellos, a los que no hablan catalán, a los que no hablan vasco, a los que rotulan los comercios como manda el gran timonel, a los que no consienten que un escolar pueda estudiar en su lengua materna, oficial del Estado, que no es ese ente imaginario que las fantasías nacionalistas recrean para mantener su chiringuito ideológico a costa de las libertades de los demás. No intentes engañar y manipular porque solo consigues hacer un ridículo espantoso haciendo apología de las más sanguinarias tiranías cuya mera defensa deslegitima por completo a quien así se expresa.
Se meten en el mismo saco, de esta forma, los nacionalismos de centro y de izquierda de las periferias y se las acusa de ser excluyentes cuando jamás lo han sido ni siquiera las de centro.
ResponderSuprimir¿Que no son excluyentes? ¿Qué jamás lo han sido? Vamos, hombre, te crees que nos hemos caído de un guindo. Los del cordón sanitario, los del CAC, los del chantaje continuo al gobierno de España, los de multas infames, los de la discriminación lingüística, los corruptos mafiosos montados en el nacionalismo ultramontano y montaraz ahora van a resultar ser moderaditos. Sí igual que la democracia orgánica de Franco o la democracia “popular” de cualquier país comunista era una democracia. Por favor, no hagas más el ridículo que de tanto reír a mandíbula batiente vas a conseguir que se le descoyunte a más de uno.
No son los catalanes ni los vascos los que todavía hoy salen a la calle con banderas de Falange Española.
Pues los del PP menos, que salen con la bandera constitucional. Ha sido en otras manifestaciones de izquierda donde se han visto ondear banderas preconstitucionales, generalmente republicanas, y otras igualmente ilegales de independentistas, o incluso carteles de presos etarras o de Terra Lliure cuyas manos están manchadas de sangre mientras voceros catalufos y euskaldunes defendían a semejantes salvajes. Todo muy bonito y muy democrático. Propio de paraísos como el castrismo liberticida o el nacionalsocialismo germano. ¡Se parecen tanto que ni que fueran primos hermanos!
Jamás ha existido un partido llamado nacionalsocialista en Cataluña.
ResponderSuprimirQue no se llame así no quiere decir que no existan partidos que defiendan el nacionalsocialismo catalán. Es lógico que con la mala prensa que cogió ese nombre no quieran que se asocie con ellos, aunque sus prácticas políticas no sean más que la aplicación del nacionalsocialismo puro y duro, en versión catalana.
"No hay ningún catalán de la Catalunya coilonizada por España."
ResponderSuprimir¿Desde cuándo está Cataluña colonizada por España? No digas más estupideces, aprende historia y cuando te enteres de que Cataluña no es sino una zona más de España, entonces hablas, de lo contrario solo es manipulación tortciera de un iletrado con tintes antidemocráticos más que evidentes.
¿Derechona trasnochada del PP por su discurso de inmigración? Pero si es la izquierda nacionalista la que solo quiere una asimilación total para cualquier ciudadano que es desnostado si no comulga con el catalanismo, este sí trasnochado y caduco y profundamente liberticida.
Y respecto a la condena del franquismo por parte del PP, helo ahí:
http://www.elpais.com/articulo/espana/PP/condena/golpe/Franco/promete/honrar/todas/victimas/Guerra/Civil/elpepiesp/20021121elpepinac_22/Tes
No solo no tienes ni repajolera idea de historia y haces gala de tu analfabetismo de ágrafo iletrado alimentado por el sectarismo de tus papis ideológicos, sino que ni siquiera eres capaz de informarte mínimamente sobre algo de lo que vas a hablar. Lo tuyo es de frenopático.
Vamos a ver si tu conocieras tan bien la historia como dices en vez de salirte por la tangente para empezar no compararías el nacionalismo catalán con el nacionalsocialismo alemán.
ResponderSuprimirCompanys, presidente por ERC, fue capturado por la Gestapo en Francia y entregado a sus aliados franquistas para fusilarlo en un juicio farsa donde no se aceptó ninguna prueba ni testimonio en su defensa (incluso de propios militares españoles afines al régimen de Franco).
O sea que esto de comparar el nazismo con la reivindicación de un pueblo/nación sin estado propio es absurdo.
Ya que quieres puntualizar tanto, puntualizemos todos.
Por otra parte, es cierto que no me había enterado. Se me había pasado por alto la notícia que el PP, finalmente reconoció que Franco no lo hizo bien lo del golpe de estado.
Hombre! Al final lo han reconocido!les ha costado , eh?, a regañadientes se han visto obligados a hacerlo para no seguir recibiendo más críticas, pobrecillos, ahora que quieres,… ¿Qué les aplauda o algo?.
Además una cosa: el PP se ha tenido que arrepentir ¡pero los otros no!.
Además, una cosa que cabe añadir es que hay que ver los descendientes de Franco (aliados de Hitler y Musolini) como copian a los indepes catalanes.
Porque lo que dicen de los catalanes es lo que los catalanes siempre han dicho de ellos. Lo que pasa es que los catalanes lo dicen con razón y lo pueden demostrar y ellos no, ellos cuando nos llaman nazis es porque se lo estan inventando todo.
Una cosa es segura: los catalanes no nos arrepentimos de ser descendientes de los rojos y lo proclamamos orgullosos a los 4 vientos pero los fachas,…se averguenzan tantísimo de sus antecedentes y de su unión con Hitler que nos llaman a nosotros lo que, en realidad, siempre han sido ellos. ¿o no?
La legalidad vigente en Cataluña es que debe rotularse como mínimo en catalán y luego en todas las lenguas que se quiera. Esto solo ha sido posible durante dos breves repúblicas y después de treinta y cuatro años de democracia puestote desde 1714 hasta 1975 (excepto dos repúblicas) siempre se ha prohibido hablar y escribir en catalán en Cataluña y en cualquier parte del estado español
ResponderSuprimirEl PP quizás se arrepiente por un lado del golpe del 36 pero subvenciona la fundación Francisco Franco or otra.
ResponderSuprimirCosa impensable que Alemania lo hiciera con su homologo Adolf Hitler.
Catalunya no impone el catalán a España es España quien siempre ha impuesto el castellano, llamado español desde el s.XVIII en Catalunya.
ResponderSuprimirPara no imponer no lo impone ni en Valencia ni en Mallorca a pesar de las mentiras del imperialismo español.
Son los propios autóctonos de Valencia y Mallorca quienes reivindican su propia lengua a pesar que sea la catalana y le pongan el nombre de lengua valenvciana o mallorquina. Cosa que es una aberración filológicaporque sería como si los andaluzes llamaran a su dialecto dl castellano el nombre de lengua andaluza y nos obligaran a sacar el nivel C de andaluz parab trabajar en Andalucía.
Pues esto que seguro que te suena a estúpidez es lo que nos hacen los valencianos a nosotros.
Ellos pueden venir a trabajar a Catalunya porque, evidentmente con el nivel C de "valenciano" (dialecto meridional del catalán) pueden venir tranquilos a trabajar pero a nosotros nos obligan a examinarnos de nuestra propia lengua en su dialecto. Tenemos que aceptarlo por motivos políticos no lingüísticos. Pero bueno, todo sea para dividir nuestra unidad nacional.
En Cataluña todo el mundo sabe y aprende perfectamente la lengua española. Yo nunca hablo lengua castellana pero no creo tener muchas más faltas ortográficas que cualquier castellano. Corrígeme si me equivoco, vaya.
ResponderSuprimirAquí todo el mundo conoce las dos lenguas perfectamente a pesar de los documentales harto deprestigiados de telemadrid sobre este aspecto.
Por cierto, no soy yo quien ha salido jamás con fotos de etarras ni de Terra Lliure por la calle pero Franco mató mucha más gente que la eta y terra lliure juntos después de finalizar la guerra civil.
ResponderSuprimirAdemás, una ve fui a los campos de concentración de Auscwitz y Mauthaussen y me fijé que había carteles honoríficos de todos los países que habían tenido gente encerrada y muerta allí dentro. Había, franceses, judíos, holandeses, banderas de la república (la preconstitucional), banderas del partido ERC, pero de falangistas y de franquistas no había ninguna ¿porque será?
El partido Plataforma por Catalunya del ex-franquista Anglada que, a pesar de ser catalán, se considera español ante todo. A ése si le convenció el imperialismo español. Es un partido basicamente islamófobo que declara claramente sus deseosde expulsar a los immigrantes y especialmente a los musulmanes. Ése especimen que debería estar encerrado por apología del racismo y la xenofobia sale muchas veces en un programa de una tele catalana pero españolista comparttiendo programa con el alcadable por el PP en Badalona, un tal Albiol, que tuvo que retirar los panfletos de su campaña por el PP donde criminalizava a los emigrntes poniendo fotos de emigrantes con letras bien claras que aludían a la necesidad de terminar con la delincuencia.
ResponderSuprimirPor no decir que las nuevas generaciones (las juventudes del PP) tuvieron que pedir perdón por haber sacado un videojuego donde se jugava a disparar a emigrantes y a banderas del partido de ERC.
Sin embargo no hay que confundir el racismo inherente en estas actuaciones con, por ejemplo, pedir que se rotule los comercios en catalán y en la lengua que el comerciante desee o que el 50% de las salas de cine se proyecten en lengua catalana puesto que sí hay demanda y no se ha hecho nunca anteriormente porque los distintos gobiernos, hasta ahora, nunca lo han admitido. Al fin y al cabo el bilingüismo es 50% ¿no?. Sólo se pide esto y los de Ciutadans salen diciendo que si deja de imponerse el español se sienten como judíos en un campo de concentración. Eso sí que es hacer el payaso.
A por cierto:
ResponderSuprimirLa Corona de Aragón que constava de 3 reinos(Aragón, Valencia y Mallorca) y un principado (condados catalanes)tenían la capital en Barcelona y los reyes de la casa de Aragón, con la senyera de la casa condal de Barcelona que hablaban catalán (quizás por eso el aragonés es una lengua en claro retroceso puesto que marginada por la corona de aragón y luego con la colonización española se impuso el castellano quizá explique porque hoy lo habla poca gente).
La cuestión es que, a pesar de la unión de los reyes católicos, las dos coronas conservavan plena independencia política con sus propios fueros.
La primera institución que se arropó la palabra españa o hispánica indistintamente fue la monarquía de Carlos I (el emperador Carlos V, poco después).
A pesar de ello, esto solo significava que era de la península ibérica no se interpretaba en el sentido actual del término.
La primera vez que aparece en un texto plenamente legal la denominación de España fue en la constitución de Cadiz de 1812.
La cuestión es que, con motivo de la guerra de sucesión sobre quien tenía que acceder a la monarquía hispánica o española Felipe IV optó, después de varias diatribas por no jurar los fueros de Aragón que todos los reyes debían jurar y por tanto, en general y para resumir se puede decir que Aragón se puso a favor del archiduque Carlos de Austria.
Al perder la guerra el 11/09/1714 los fueros fueron derrogados y se castellanizó la corona de Aragón con los decretos de Nueva Planta (1715) suprimiendo todas las leyes y sustituyéndolas por las leyes de Castilla.
Además de prohibirse, por primera vez, la lengua catalana.
Un ejemplo son leyes del tipo:
"Que en las escuelas no se permitan libros en lengua catalana, escribir ni hablar en ella dentro de las escuelas y que la doctrina cristiana sea y la aprendan en castellano..."
José Patiño, "Consulta del Consejo de Castilla sobre el Nuevo Gobierno que se debe establecer en Cataluña". 1715
Nótese que aquí sí nos consideraban una nación en sus propias palabras (cosa que ahora nos niegan):
"(...) pero como a cada nación parece que señaló la Naturaleza su idioma particular, tiene en esto mucho que vencer al arte y se necesita de algún tiempo para lograrlo, y más cuando el genio de la Nación como el de los Catalanes es tenaz, altivo y amante de las cosas de su País, y por esto parece conveniente dar sobre el castellano instrucciones y providencias muy templadas y disimuladas, de manera que se consiga el efecto sin que se note el cuidado..."
De la "Instrucción Secreta" que el fiscal del Consejo de Castilla, don José Rodrigo Villalpando, tramitó a los Corregidores del Principado de Catalunya el 29 de Enero de 1716.
"Con la sola diferencia que como antes todo lo judicial se actuaba en Lengua Catalana, se escriba en adelante en idioma Castellano o Latín."
De la "Instrucción Secreta" que el fiscal del Consejo de Castilla, don José Rodrigo Villalpando, tramitó a los corregidores del Principado de Catalunya el 29 de Enero de 1716
En fin, es cierto que quizás no debería usar el término colonizaciónpuesto que es hacer presentismo (aplicar conceptos del presente al passado histórico) pero sí que supuso la pérdida total de independencia política y la prohibición de la lengua, la cultura, las tradiciones, etc. de Catalunya que solo el pueblo mantuvo a lo largo de éstos casi 300 años de prohibición desde 1714 hasta 1975 (con la excepción de dos breves repúblicas).
Para comparar a la segunda república creo que son mejores ejemplos el Chile de Salvador Allende o la Nicaragua sandinista que la URSS puesto que la URSS estableció la dictadura del proletariado sin embargo lasegunda república conservó el estado democrático hasta tal punto que entraron a formar parte del gobierno, bajo el nombre de "Comité de milícias antifascistas" miembros de la CNT y la FAI, convirtiendo ironícamente a Federica Montseny en la primera diputada de Europa a pesar de ser anarquista.
ResponderSuprimirEs más el PSUC y el PCE, al servicio de la URSS llegaron a enfrentarse a los anarquistas y el POUM en los hechos de mayo de 1937.
Por tanto no creo que sea válida la comparación del imperialismo soviético con la segunda república entre otras cosas porque el partido de los soviets llegó al poder a través de una revolución, como Cuba por ejemplo. No lo hicieron por las urnas como aquí en Chile o Nicaragua donde, además, tuvieron que compartir el poder con otros partidos de izquierda o incluso con anarquistas.
Stalin pactó con Hitler, cierto pero la república española no. Fué Franco quién pactó con él y no un tratado de repartición. Sino darle armas y dinero e intervenir directamente contra un gobierno elegido democraticamente por lo cual hasta el PP ha condenado.
ResponderSuprimirLa república española no fue imperialista. No invadió a no ser que consideremos la permanencia en Marruecos, claro.
Por si te interesa saber si me sé de memoria o no el tema del fascismo, del nazismo y del franquismo puedes comprobarlo en éste link:
ResponderSuprimirhttp://club.telepolis.com/pastranec/temascomp/Tema48.html
No sufras que no se trata de ninguna página marxista ni independentista.
Es la página de una editorial que el Ministerio de Educación de todo el estado español acepta como válida para que lo estudien, de cara a las oposiciones, los profesores de historia de secundaria.
Tu versión de la historia, sin embargo, aperece reflejada, ya lo verás, como el tipo de historiografia liberal que intenta identificar todos los totalitarismos (el marxista y el fascista)como una misma cosa pero que es el tipo de historia que no falsea la realidad puesto que el anticapitalismo fascista solo era demagógico.
Además que es una interpetación peligrosa puesto que puede inducir a las teorias de la actual ultraderecha europea.
De la cual también se habla en el último apartado y donde quedan reflejados (por las notícias aparecidas en la prensa)el PP catalán y Plataforma per Catalunya especialmente.
Si la incidencia del anarquismo en la crisis de la República, especialmente en el primer bienio, suele aparecer un tanto difuminada en las historias corrientes, y pocas veces tratada a la altura de su auténtico papel, algo semejante ocurre con los nacionalismos catalán y vasco. Generalmente se los considera, sobre todo al primero, movimientos "naturales" cuyas demandas la República tendría la misión de satisfacer, resolviendo así el "problema catalán", y quizá más tarde el vasco, de forma racional y definitiva.
ResponderSuprimirNada más lejos de la realidad. Aquellos nacionalismos constituían una invención históricamente reciente, que sólo había adquirido algún fuste a raíz de la quiebra moral causada por el Desastre del 98, tres decenios atrás.
Había diferencias interesantes entre los dos nacionalismos. El vasco consistía en un racismo omnicomprensivo: la raza vasca era muy superior a la despreciable de los maketos, y tenía su idioma y hasta su religión "raciales", pues, según Sabino Arana, los vascos venían a ser católicos por raza, mientras que los maketos eran refractarios a la moral católica. Así, "Euskadi" debería liberarse radicalmente de la detestada España. El nacionalismo catalán pretendía que España no existía, a no ser como un Estado, bajo hegemonía castellana, opresor de Cataluña desde tiempo inmemorial. Pero más que a la secesión aspiraba a sustituir a Castilla –que en realidad pintaba poco en el conjunto del país– por Cataluña, en una confederación de naciones ibéricas "desde Lisboa al Ródano". Cataluña orientaría el conglomerado a la construcción de un imperio en África y quizá en Asia.
Un programa tan extravagante y anacrónico sólo podía crear frustración y victimismo, en círculo vicioso, y dio lugar a diversas tendencias, desde la que preconizaba la plena separación y un imperialismo restringido a los que llamaron països catalans, a la que en la práctica integraba Cataluña en el conjunto de España como una región con ciertas peculiaridades. Esta última tendencia, derechista y representada por Cambó, iría perdiendo fuerza a favor de un izquierdismo cada vez más separatista y violento.
Como se recordará, los nacionalismos catalán y vasco, secundariamente el gallego, se disponían en 1923 al empleo conjunto de la acción armada, lo cual fue una de las causas de la crisis que abocó al hundimiento del régimen liberal y a la dictadura de Primo de Rivera. Durante la dictadura los nacionalismos no opusieron resistencia alguna, a no ser la grotesca intentona de invasión desde Francia organizada por Macià, un gran terrateniente por matrimonio y hombre verboso y algo infantil o perturbado, según indican Josep Pla, Amadeu Hurtado, Cambó o el mismo Alcalá-Zamora, que sin embargo simpatizaba mucho con él.
Los nacionalistas vascos no entraron en el Pacto de San Sebastián, pero sí los catalanes, aunque no creían que del pacto saliera nada, y apenas colaboraron en las tareas previstas para traer la República. Trataron de imponer al principio la secesión ("autodeterminación") y luego aceptaron la autonomía. Sin embargo, cuando llegó la República, en abril del 31, sorpresivamente aprovecharon el desbarajuste inicial para dar un golpe de estado, apoderándose de los edificios oficiales, y Macià proclamó "República Catalana" dentro de una imaginaria confederación ibérica. Llamó a defender aquélla "hasta el sacrificio de la propia vida", y amenazó: "Quien perturbe el orden de la naciente República Catalana será considerado agente provocador o traidor a la Patria"; apeló también a "todos los pueblos del mundo" para "afirmar la paz internacional".
ResponderSuprimirCon ello rompía los acuerdos de San Sebastián y provocaba una crisis muy peligrosa. Hubo frenéticas llamadas y contactos desde Madrid, y la crisis quedó resuelta formalmente sobre la base de los acuerdos mencionados. Pero, bajo las formas, los nacionalistas se habían apresurado a nombrar autoridades de su partido en toda la región, imponiendo así una autonomía de hecho antes de la decisión de las Cortes. De paso, y en pago a los votos anarquistas, facilitaron a la CNT-FAI una sangrienta y coactiva reimplantación en las fábricas y barrios obreros.
En las primeras elecciones de la República la recién montada Esquerra actuó, según Cambó, con las violencias y coacciones propias de un partido fascista, y el catalanismo de derecha retrocedió, mientras triunfaban en toda la línea Macià y Companys. Hubo una verdadera explosión de sentimentalidad patriotera en torno al primero, bien descrita por Cambó:
"Macià, a quien nadie tomaba en serio en los primeros años de la Dictadura, cuando hacía ridículas maniobras en los alrededores de París, se había convertido en un símbolo entre las cabezas calenturientas y las masas revoltosas".
Pla, con su típica irreverencia, observa: "A Macià le llaman l'Avi (el Abuelo) y él está encantado. Gassol llama a todos hermanos. La terminología de la Esquerra está llena de todos los tópicos del humanitarismo más insincero y tronado. Los políticos catalanes hacen grandes gestos, se ponen cada dos minutos la mano en el pecho, dan chillidos sentimentales y hacen unos terribles aspavientos de bondad. Todo el mundo pone los ojos en blanco, va con el corazón en la mano y canta confusas romanzas que hacen llorar. Toda la pornografía del exilio, el onanismo de los catalanes de América, los estados más abyectos de la mugre sensorial se han implantado. La gente se pregunta: ¿Qué es la política de la Esquerra? ¿Qué será? Es muy sencillo: serán tres años de anarquía sindical, de predominio de las ideas de la Asociación de Viajantes y el correspondiente caviar".
La política nacionalista se basaba, con unos u otros matices, en la pretensión de Prat de la Riba:
"Son grandes, totales, irreductibles las diferencias que separan Castilla y Cataluña, Cataluña y Galicia, Andalucía y Vasconia. Las separa, por no buscar más, lo que más separa, lo que hace a los hombres extranjeros unos de otros, lo que según decía San Agustín en los tiempos de la gran unidad romana, nos hace preferir a la compañía de un extranjero la de nuestro perro, que al fin y al cabo más o menos nos entiende: les separa la lengua".
Esta gansada no encerraba una realidad, sino un programa: un catalán debía preferir la compañía de su perro a la de un gallego, un vasco o un andaluz, a pesar de que todos se entendían perfectamente en el español común o castellano. El disparate tenía, sin embargo, un efecto considerable, al venir envuelto en gruesas capas de victimismo y narcisismo, sin ser apenas contrarrestado por una propaganda contraria.
La demagogia resultante y la aprobación en Cataluña de un proyecto de estatuto desmesurado provocaban un recelo creciente en amplias capas de la población, y entre fuerzas políticas no sólo de derecha, también de izquierda, incluidos los socialistas. Por ello la tramitación de la autonomía en las Cortes se estancó.
ResponderSuprimirLa inquietud general había sido una de las causas de la intentona de Sanjurjo. Sin embargo, la intensa reacción emocional y política al fracaso de la sanjurjada había facilitado a Azaña la rápida votación aprobatoria de la autonomía. Con un estatuto bastante más razonable que el proyectado por los nacionalistas.
Azaña lo explicó como la solución del "problema catalán", es decir, como el acomodo legal y en principio definitivo del nacionalismo catalán en la República. Ello podría haber satisfecho, posiblemente, al sector de Cambó, pero ¿pensaban lo mismo la Esquerra y otros grupos radicales? La experiencia demostraría pronto que no. Para éstos, el estatuto no era una meta sino un punto de partida para nuevas reivindicaciones, en una escalada incesante, a menudo violenta, que desestabilizaría gravemente la República, como pronto había de comprobarse antes de que pasara un año.
El nacionalismo vasco siguió una trayectoria peculiar. Intentó al principio imitar a la Esquerra declarando una práctica independencia y apoderándose de los órganos de poder, pero se encontró enseguida aislado. Ante las agresiones a la Iglesia, tomó sobre sí la defensa de los sentimientos e intereses heridos, lo cual le valió gran popularidad y una rápida expansión en las provincias con mayor influencia del clero de toda España. En un primer momento el PNV se sintió tentado por el golpismo, al lado del general Orgaz. En alianza con el carlismo, maniobró por otra parte para obtener una autonomía que abarcase a Navarra. Las dos líneas de acción fracasaron, y las izquierdas bloquearon la autonomía por temor, como dijo el socialista Prieto, a que se crease "un Gibraltar vaticanista en el norte".
No obstante, el PNV iría aproximándose a la izquierda, pese al anticatolicismo de ésta, y llegaría a establecer una colaboración reticente, pero efectiva, incluso con los sectores más revolucionarios, al paso que saboteaba los esfuerzos unitarios de la CEDA para detener el creciente desorden. Una política en apariencia suicida, que probablemente se explica por la estrategia diseñada por Sabino Arana: "Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre más postrada y arruinada".
La leyenda de que las izquierdas republicanas trajeron la solución al "problema catalán" o al "problema vasco", es decir, a los problemas creados por los respectivos separatismos, tiene muy poca relación con los hechos.
[...] Al no existir elecciones entre partidos no hay posibilidad de medir la popularidad del franquismo –y, en particular, de Franco, más prestigiado que sus gobiernos–, dado que otro exponente, las masivas manifestaciones de apoyo que el general recibía en todas partes, es tachado a menudo de manipulación. Pero expondré dos indicios a mi juicio muy significativos: la emigración a los países desarrollados de Europa y la población reclusa.
ResponderSuprimirUna manifestación del rápido cambio social y económico en el país consistió en la eliminación del viejo problema agrario por la vía más racional: la emigración de millones de agricultores a quienes el campo nunca podría dar de comer. El grueso de los emigrantes arribó a las ciudades españolas, pero una parte considerable marchó a países como Francia, Alemania, Suiza o Gran Bretaña, adonde afluían también cientos de miles de italianos, griegos, portugueses, yugoslavos y otros. Suele hablarse de tres millones de trabajadores españoles idos más allá de los Pirineos entre los años 1960 y 1974, pero el número real asciende probablemente a la mitad. Al revés que en las clásicas emigraciones a ultramar, no se trató, en la mayoría de los casos, de una emigración permanente, pues la cercanía de los países de destino y la práctica ausencia de desempleo en España, sumada al aumento constante de los salarios, facilitaban un frecuente ir y venir de la mano de obra.
Estos emigrantes tenían, en principio, todas las razones para detestar al franquismo. Muchos de ellos, salidos de regiones especialmente conflictivas antes de la guerra civil, podían cargar sobre la dictadura una pobreza que los obligaba a dejar a sus parientes y al entorno familiar, y en los países de destino comprobarían la diferencia no sólo de riqueza, sino de libertades políticas. Debían constituir, por lo tanto, un medio muy proclive a la propaganda de la oposición antifranquista, la cual operaba en el extranjero con libertad e incluso con protecciones políticas, al calor de la leyenda de su lucha por la democracia en España. Y el frecuente ir y venir de los trabajadores debía facilitar extraordinariamente la organización de núcleos de resistencia en el interior.
Pues bien, como sucedió con el maquis, no se cumplieron estas expectativas, en apariencia tan razonables. Los emigrantes, en su vasta mayoría, se interesaron muy poco por cualquier actividad contra Franco, lo mismo en los países de acogida que al volver a su patria. Naturalmente sería falso catalogarlos como activos franquistas o cosa por el estilo. Más justo sería decir que no se sentían incómodos con el régimen. Éste restringía severamente las libertades políticas, pero permitía una amplia libertad personal, que en parte pondría de manifiesto Solzhenitsin cuando visitó el país y levantó tan gran escándalo en la oposición. Julián Marías ha observado también la escasa preocupación popular por la ausencia de dichas libertades, y J. P. Fusi cita a R. Rossanda, una comunista italiana que visitó el país en 1962:
ResponderSuprimir"No era una sociedad política silenciada (...) no amordazada, sino vacía o dotada de otros lenguajes".
Se ha acusado a Franco de explotar constantemente el resorte psicológico de la guerra, pero el argumento tiene doble filo en boca de quienes lo emplean. Porque la memoria de la guerra debiera haber reavivado la de los días libres y felices –según los críticos– de la República. Por lo demás, es cierto sólo a medias. Aunque la guerra permaneció, lógicamente, como referencia obligada en la propaganda del régimen, el paso del tiempo la transformó en una alusión retórica y un tanto abstracta, y en los años 60 impresionaba a poca gente. La baza clave del franquismo, una vez superado el boicot internacional y la autarquía, consistió en aquella prosperidad sin precedentes que arruinaba las acusaciones de sus contrarios. En cuanto a la República, muy pocos la miraban con nostalgia. En la mente de la mayoría quedó como un episodio oscuro y lamentable de desorden, violencias y arbitrariedades contra la derecha y la religión, y también entre las propias izquierdas.
En cuanto a los presos, esperablemente numerosos en una tiranía policíaca, eran en realidad muy pocos, una de las cifras más bajas de Europa. En 1960 ascendía a 15.200, casi todos comunes, y bajó constantemente cada año hasta los 10.700 en 1966. Sólo en el primer bienio republicano hubo una bajada tan sensible, pero con un significado muy distinto: la liberación de presos durante la República respondió casi siempre a medidas demagógicas, pues no vino respaldada por una disminución de la delincuencia, sino por un auge brutal de ella. En los años 60, el corto número de reclusos reflejaba una delincuencia también muy reducida.
ResponderSuprimirLa población carcelaria volvió a crecer, pero sin superar cifras bajas, a partir de 1968, con 12.100 personas, llegando a 13.900 en 1970 y a un máximo de 14.700 en 1974, con alguna caída intermedia. La causa de este aumento se aprecia con facilidad: en esos años coincidió un aumento de la delincuencia común –entre otras cosas la droga empezó a penetrar en la sociedad española– con la intensificación de las actividades comunistas y la aparición de la ETA. Es difícil saber el número de presos políticos dentro del conjunto, pero probablemente no pasó de dos mil, si llegó a tanto, en el momento de máxima represión, cifra no muy apabullante para un país de más de 35 millones de habitantes en pretendida rebeldía abierta o latente. Normalmente no pasaban de unos centenares.
Información de interés al respecto la ofrece el historial del Tribunal de Orden Público (TOP), constituido en 1963 para afrontar la creciente actividad antifranquista. En sus trece años hasta su disolución en 1977, el TOP produjo 9.000 condenas, menos de 700 al año. Los procesados en ese período sumaron 11.261, a quienes el tribunal impuso 10.146 años de prisión, es decir, en torno a un año por persona. Por lo tanto, la gran mayoría de ellos no debió entrar en prisión, pues las penas inferiores a un año no solían cumplirse en la cárcel. Y las penas superiores rara vez, si alguna, se cumplían íntegras. No puede hablarse, definitivamente, de una resistencia numerosa o peligrosa para el régimen. La pintura, tan habitual hoy, de un pueblo humillado y descontento, fuente de una continuada e intensa resistencia a Franco, tiene muy poco en común con la realidad histórica. La inmensa mayoría no sentía humillación ni rebeldía.
La duración del régimen queda mejor explicada todavía mediante el examen cualitativo del antifranquismo. (...) se trató de una oposición encadenada a los estereotipos izquierdistas y jacobinos de la guerra. El país había cambiado profundamente, y los enemigos del régimen, con verdadero fanatismo, rehusaban mirar la realidad, pero además lanzaban los peores insultos y excomuniones contra quienes se la ponían ante los ojos. Según sus esquemas mentales, franquismo equivalía a miseria, oscurantismo y represión masiva, y quien lo creyera compatible con el progreso económico, la cultura o cualquier grado de libertad sólo podía ser un agente de Franco. Contra esa convicción de cemento se estrellaban datos y argumentos. Hablo tanto de la oposición pasiva como de la activa o comunista.
ResponderSuprimirEl PCE, no obstante, a causa de sus derrotas en el maquis y de su muy lento desarrollo posterior, había adquirido cierto realismo, y había diseñado una estrategia más hábil. Fruto de ella serían, en los años 60, éxitos relativos como las Comisiones Obreras, que lograron promover huelgas bastante amplias e infiltrarse en los sindicatos oficiales; o el Sindicato Democrático de Estudiantes, que consiguió demoler al sindicato estudiantil falangista (SEU). También se infiltró en el cine y la prensa (una de las revistas más difundidas, Triunfo, tenía un carácter criptocomunista muy poco críptico, pues nadie lo ignoraba). Éxitos muy relevantes si los contrastamos con las continuas frustraciones del pasado.
Ahora bien, aun cuando el PCE utilizaba para movilizar a las masas mil argucias, desde reivindicaciones muy inmediatas hasta las libertades burguesas o la reconciliación nacional, no constituía ni por lo más remoto un partido democrático. Marxista-leninista, aspiraba a implantar en España un régimen inevitablemente parecido al soviético, mantenía relaciones privilegiadas con regímenes tan siniestros como los de Ceaucescu de Rumania, Kim Il Sung de Corea del Norte o Hoenecker de Alemania Oriental y explotaba la reivindicación de libertades como un instrumento para "avanzar" hacia el socialismo real. La historia del partido, para quien la conociera un poco, no podía resultar más reveladora: su pistolerismo inicial, su sabotaje a la República, su pretensión de arruinar la democracia liquidando a la derecha en pleno, su estalinismo exaltado, su sanguinario despotismo durante la guerra civil, su intento de reanimar dicha guerra en la segunda mitad de los 40, las cruentas purgas en su propio seno...
A pesar de la trayectoria y la doctrina totalitaria del PCE, cierta historiografía, no necesariamente marxista, ha pintado a ese partido como el rompehielos de la libertad o ha encubierto, bajo el marchamo de "movimiento democrático", la inspiración y manipulación comunista de organismos falsamente plurales, como las citadas Comisiones Obreras o la Asamblea de Cataluña. Los comunistas procuraron siempre, conviene insistir en ello, actuar bajo siglas en las que el calificativo "democrático" era de rigor. Con todo, el PCE nunca logró ocultar del todo el revanchismo y la tiranía connaturales a él. A lo largo de los años 60 surgieron numerosos grupos llamados maoístas, predicadores de la violencia inmediata y próximos al terrorismo (lucha armada), que algunos llegarían a practicar. Procedían de la ruptura del movimiento comunista internacional en dos orientaciones capitaneadas respectivamente por Moscú y Pekín.
ResponderSuprimirPero el suceso de mayores consecuencias en esta época fue la entrada en acción de la ETA a finales de los años 60, cuando el franquismo se había liberalizado considerablemente. Grupo comunista o muy próximo al comunismo, y radicalmente antiespañol, la ETA había nacido diez años antes, pero no había pasado de uno de tantos círculos de exaltados a quienes pocos tomaban en serio. Sin embargo, en 1968 cometió su primer asesinato, y entonces todo cambió: pronto el grupo se vio rodeado del cálido aplauso y apoyo de casi toda la oposición, de un amplio sector del clero vasco y no vasco, y de gobiernos extranjeros, en particular el francés, que le proporcionó un inestimable refugio o santuario junto a la frontera española, desde el cual podían los etarras planear sus atentados y retirarse a lugar seguro. La hostilidad de los gobiernos eurooccidentales a Franco cuajaría posteriormente en campañas de solidaridad con los terroristas cuando éstos fueran sometidos a juicio en España, sin mostrar el menor sentimiento hacia las víctimas. El sector autodenominado progresista de la prensa española también procuraba informar sobre los atentados de modo favorable a los asesinos. Con tales nutrientes creció una organización que llegaría a convertirse en la pesadilla de la democracia española.
El caso de la ETA revela el carácter de la oposición antifranquista. La mayoría de ella, desde luego, no era terrorista, pero incluso la más pacífica solía ver en los pistoleros a jóvenes idealistas no muy despiertos, autores de un trabajo conveniente, aunque sucio. Cuando cayera el régimen, los idealistas poco despiertos volverían a sus casas con título de héroes, y las rentas de la sangre derramada las recogerían los antifranquistas más "serios", más "expertos" y más "políticos". Juego practicado por las izquierdas desde las primeras décadas del siglo y poco antes de la República en relación con el terrorismo ácrata. Y siempre con el mismo error en las cuentas.
¿Qué ocurrió con otras oposiciones, como las de los nacionalistas catalanes y vascos, la de los republicanos, la socialista o la anarquista? Los ácratas llevaron a cabo campañas poco sistemáticas de atentados a finales de los años 40 y principios de los 50, también pusieron alguna que otra bomba a mediados de los 60, sin influir para nada en la sociedad. Los nacionalistas catalanes y vascos vivieron tranquilamente dentro y fuera de España y no dieron problemas dignos de mención a la dictadura. Lo mismo cabe decir de los socialistas. Bastantes viejos militantes de esos grupos ingresaron en instituciones del régimen, incluso en la Falange. Sólo hacia el final del franquismo, ya en los años 70, se reorganizaron los partidos nacionalistas y el PSOE, con evidente permiso de la Guardia Civil y ayudas de origen no siempre claro, ya que el Gobierno y diversos intereses extranjeros creían a esos partidos posibles contrapesos de la ETA y el PCE. Los republicanos no volvieron a levantar cabeza.
ResponderSuprimirNo hay exageración, por lo tanto, en el aserto de que la oposición fue ante todo y en todo momento comunista o terrorista, y lo mismo, evidentemente, la inmensa mayoría de los presos políticos. La oposición, entonces, tenía un carácter mucho más totalitario y antidemocrático que el régimen combatido, y difícilmente podía constituir una alternativa política razonable para la inmensa mayoría de los españoles de cualquier región.
Llama poderosamente la atención el hecho de que la suavización del régimen y el bienestar en aumento no alentasen una oposición liberal algo amplia y que, en cambio, la oposición real tendiera a radicalizarse incluso en sentido terrorista. (...) Hasta el mismo final no existió alternativa viable al régimen, y un aspecto más de esa ausencia de salida razonable era precisamente la radicalización de los antifranquistas.
ResponderSuprimirLo más aproximado a un acto de oposición democrática consistió en la reunión de junio de 1962, en Munich, de 118 opositores liberales, socialdemócratas, monárquicos, democristianos, separatistas vascos e incluso marxistas del PSOE y del Frente de Liberación Popular. Buscando una salida para España, recomendaron el cierre del Mercado Común Europeo al franquismo. Destacaron en el encuentro Salvador de Madariaga, Gil-Robles y varios antiguos franquistas como Satrústegui, Ridruejo o Álvarez de Miranda. Ninguno tenía detrás un partido de alguna entidad o representatividad, pero pensaban aunar esfuerzos entre ellos, excluyendo a los comunistas, aunque no osaran condenarlos abiertamente. La iniciativa surgió, probablemente, de la mezcla de susto y esperanza causada por la oleada huelguística de aquella primavera, originada en la minería asturiana y extendida a Vizcaya, Madrid y otras provincias, hasta afectar a unos 100.000 obreros. Las huelgas, fundamentalmente espontáneas y con aspiraciones laborales limitadas, no adquirieron excesiva envergadura, pero al estar prohibidas entrañaban un reto al Gobierno. Muchos creyeron hallarse ante el comienzo de un movimiento desestabilizador de vasto alcance, capitaneado por el PCE. Temieron entonces un rápido declive del franquismo, que sería aprovechado por la oposición activa (comunista), y quisieron adelantarse a los acontecimientos. De nuevo un falso cálculo.
Franco tomó muy a mal el episodio. Aparte del perjuicio que le causaba en relación con el Mercado Común, y por sus declaraciones contra el régimen, consideró a los de Munich compañeros de viaje del comunismo y aventureros políticos, cuyas maniobras sólo podían abocar, como en el pasado, a alteraciones revolucionarias. Con Gil-Robles se había entendido muy bien en 1935, cuando éste ejercía de ministro de la Guerra y él de jefe del Estado Mayor, pero le había cobrado desprecio tras las presiones del político en torno a don Juan para derrocarle, al término de la guerra mundial. En consecuencia desencadenó una campaña desproporcionada contra el "contubernio de Munich", intento de reeditar el Pacto de San Sebastián, a su entender. Arrestó momentáneamente a varios asistentes y desterró a otros a diversos puntos del país. Gil-Robles, residente en España desde 1953, y algunos más, prefirieron quedarse en el extranjero.
[...]
Al margen de estos movimientos, el ambiente social y el mismo franquismo fueron liberalizándose de modo paulatino y finalmente acelerado. Por esa razón la evolución a la democracia iba a transcurrir sin demasiados traumas, a partir de los propios seguidores del Generalísimo y en contra de las expectativas y deseos protagonistas de la oposición.
La nación es la base de la soberanía, es decir, del Estado, y el nacionalismo la doctrina que mantiene esa tesis frente a la soberanía personificada en el monarca del antiguo régimen. Por eso los nacionalistas catalanes reclaman sin tregua el título de nación, que, contra la absurda palabrería del Tribunal Anticonstitucional, sí tiene efectos de todas clases, jurídicos y políticos. Si se admiten varias naciones, una de ellas debe quedar en retórica, y no es difícil ver cuál lo es, quizá no en la intención del tribunal, pero sí en una dinámica secesionista que lleva mucho tiempo conculcando leyes y compromisos.
ResponderSuprimirAsí, de ser Cataluña una nación, se sentirá naturalmente oprimida al carecer de su propia soberanía y Estado. Lo mismo vale para Vascongadas, Galicia, Andalucía, Canarias o cualquiera nación que vaya surgiendo. Pero en la realidad histórica la nación española existe políticamente desde Leovigildo, y jamás han existidos esas otras naciones pretendidas por diversas castas de políticos ambiciosos y en general corruptos.
Los nacionalistas periféricos no parten, pues, de la existencia histórica de las respectivas naciones, sino que aspiran a crearlas. Para ello tratan de crear opinión pública y arrastrar a la población mediante una literatura mezcla de victimismo, narcisismo y odio al supuesto opresor. La masiva propaganda desplegada sobre esas bases enfermizas, durante largos años, en rigor desde la quiebra de 1898, asombra por lo falsaria, injuriosa, sentimentalista y cargada de mala fe.
Hay cierta diferencia entre el nacionalismo vasco y el catalán, los dos más típicos. El vasco nace sobre un racismo exaltado y aspira a la separación total de la "inferior" España; el catalán, también de fondo racista, vacila entre tres opciones: la secesión radical de Cataluña, la permanencia en un "Estado español" como nación hegemónica, y la orientación hacia unos països catalans también hegemonizados por Barcelona, como ya indica el nombre.
Pese a su extremo narcisismo, estos nacionalismos entrañan un desprecio radical hacia los respectivos pueblos. Pues afirman que estos no solo han soportado siglos de opresión vergonzosa, sino que la han ayudado abyectamente al sentirse y considerarse españoles durante esos mismos siglos. Sentimiento que por lo demás expresa el hecho evidente de que siempre han formado parte, y voluntariamente, de España.
ResponderSuprimirEsos movimientos suelen proclamarse demócratas, pero han traído convulsiones y ayudado a derrumbar los regímenes de liberalismo o democracia en España. Y después de haber contribuido así a traer dos dictaduras, perdieron en ellas toda su agresividad. Han sido una verdadera plaga para España, y en primer lugar para sus regiones.
Estos nacionalismos han disfrutado durante demasiados años de bula para propagar sus distorsiones históricas y políticas, y no cabe duda de que han creado un considerable ambiente antiespañol en varias regiones, a menudo en combinación directa o indirecta con el terrorismo. Pero han llegado a límites peligrosos como demuestran sus mismas y siniestras palabras.
La preparación de la guerra civil a lo largo de 1934 por el PSOE y por la Esquerra nacionalista catalana puede considerarse hoy un hecho histórico firmemente establecido. En cuanto a la Esquerra, su dirigente Companys se esforzó en crear en Cataluña un clima insurreccional y en preparar los medios para la rebelión contra un gobierno legítimo, valiéndose, con dolo, de los instrumentos que la legalidad ponía a su disposición, que eran muchos.
ResponderSuprimirY cuando, el 5 de octubre, aprovechando un cambio de gobierno totalmente legal, el PSOE se lanzó a la guerra en toda España, Companys esperó todavía a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos, mientras cortaba las comunicaciones terrestres con Madrid, trataba de imponer la huelga general en Barcelona, y ocupaba esta ciudad con sus milicias armadas, conocidas como "escamots". Entre tanto hacía creer al gobierno que sus medidas se dirigían a impedir una subversión anarquista totalmente imaginaria. Al día siguiente, las noticias de estallidos revolucionarios en numerosas provincias y en Madrid le decidieron a saltar al ruedo a su vez, y al atardecer de ese día proclamó la rebelión contra un "golpe fascista" en Madrid. Puede decirse que había engañado al gobierno con la supuesta insurrección anarquista y ahora engañaba a los catalanes con el no menos falso golpe fascista.
Es sabido cómo terminó la aventura. A pesar de que disponía de miles de milicianos y del control sobre la Guardia de Asalto y, en menor medida, sobre la Guardia Civil, y de fuertes infiltraciones en el ejército, contra una guarnición de sólo unos centenares de soldados, Companys se rindió en la madrugada, tras pasarse la noche él y su consejero de orden público, Dencás, llamando a los catalanes a la lucha para derribar al gobierno democrático e imponer prácticamente la secesión.
La inmensa mayoría de los catalanes se mantuvo al lado de la legalidad, y la intentona de la Esquerra cayó en medio del mayor ridículo. Y sin embargo antes de medio año Companys se había convertido en algo así como un héroe legendario para muchos catalanes y no catalanes en toda España. El mecanismo de esta extraordinaria transformación merece un pequeño estudio.
ResponderSuprimirComo consecuencia del asalto a la legalidad constitucional, hubo fuertes presiones para abolir la autonomía catalana, dándola por fracasada, así como para proscribir a los partidos guerracivilistas, incluyendo a la Esquerra. Sin embargo el gobierno prefirió una actitud moderada. Los partidos no fueron prohibidos, la autonomía fue solamente suspendida hasta que se normalizase la situación, y sólo los periódicos oficiales de la Esquerra fueron pasajeramente clausurados, medida sin apenas efecto porque reaparecieron de inmediato con otro nombre.
Y estos periódicos, convertidos en plataforma de una campaña extremadamente emocional y patriotera, lograron cambiar el completo descrédito inicial de Companys, en una imagen de gloria y martirio al servicio de Cataluña y de la democracia.
Hazaña propagandística todavía más notable cuanto que el comportamiento de los líderes esquerristas en el proceso subsiguiente careció de toda altura moral o política: se limitaron a negar la evidencia. Ellos no se habían rebelado. Había sido el pueblo el que se había rebelado espontáneamente, y el gobierno de Companys se había limitado a dar un "cauce" a aquel movimiento para evitar que se descontrolase y cayese en la anarquía. Los interrogatorios, como he expuesto en el libro recién aparecido 1934 Comienza la guerra civil, cayeron en lo surrealista cuando los acusados afirmaron creer que los pocos soldados provistos de dos pequeños cañones que asediaron la sede de la Generalidad eran o podían ser anarquistas. No les faltaba aplomo.
El defensor, Ossorio y Gallardo, sostuvo la misma historia. Según él, Companys y los suyos habían cumplido con su deber para evitar el caos, y en todo caso sólo podían ser acusados por un artículo de la ley que tipificaba el intento de derrocar al gobierno constitucional. Un miembro del tribunal llamado Sbert y próximo a la Esquerra, lo mejoró: los procesados no habían intentado cambiar el gobierno, sino el Estado. Pero como ningún artículo legal penaba de modo explícito tal cosa, la rebelión de Companys debía considerarse un acto "político y legítimo". La prensa de la Esquerra encontró "consistente y moderna" esta versión, digna de los hermanos Marx. En adelante, tratar de derribar el Estado Republicano debía considerarse una especie de deporte. Toda la historia del proceso, de no estar envuelta en la tragedia (el golpe de Companys provocó más de cien muertes en Cataluña) podría dar lugar a un espléndido relato humorístico.
ResponderSuprimirEste comportamiento absolutamente falto de responsabilidad política e histórica no mermó la renaciente popularidad de Companys. Sus partidarios proclamaban a voz en cuello: "Companys, el presidente de la Generalitat es el primer luchador de Cataluña" "En el banquillo de los acusados, siete hombres de Cataluña. Y en torno al estrado y al banquillo, y fuera, el pueblo"; "Companys y Cataluña. Gómez Hidalgo ha establecido la magnífica ecuación. Companys y Cataluña se encontraron juntos el 6 de octubre. Y no se separarán más" "Companys es Cataluña. Cataluña es Companys" Y así incansablemente en titulares de prensa, folletos de propaganda, octavillas. La prensa de izquierdas en toda España presentaba a los héroes del 6 de octubre como personajes simpáticos, afectuosos, excelentes personas víctimas de unas desdichadas circunstancias en cuyo detalles, lógicamente, no entraban.
Por su parte, Companys sabía animar la función: "El veredicto que nos importa es el que pronuncie en su conciencia íntima el pueblo. Ya que nuestros defensores han hablado del juicio de la Historia, declaramos que esperamos tranquilos su veredicto definitivo, con orgullo en el corazón y conciencia limpia". El pueblo había pronunciado su fallo al desoír los llamamientos de Companys aquel 6 de octubre, pero él y la Esquerra no lo tuvieron por inapelable. Creían que una buena campaña de propaganda puede cegar las evidencias más crudas, y los hechos parecen haberles dado la razón.
¿Puede, realmente, tener ese efecto una campaña así? Sí, desde luego, pero con una condición: que no sea contrarrestada mediante una tenaz e insistente contracampaña. Rebatir falsedades tan groseras no es empeño agradable, obliga a entrar a veces en el terreno del disparate y a emplear tiempo en explicar lo que debiera ser obvio. Sin embargo no queda otro remedio, porque los falsos mitos tienen un efecto desastroso. Todavía hoy políticos e historiadores nacionalistas cultivan insistentemente la falsificación de la historia y fomentan el culto al golpismo y a personajes poco recomendables. No es sano que en Cataluña se tenga por héroe a Companys y no a Pla, o que en las Vascongadas ocurra lo mismo con Arana y no con Unamuno. Tales cosas indican cierto grado de insania colectiva, y conviene rebajarlo en lo posible.
El triunfo de los reyes que serían llamados Católicos cambiaba la situación en España. Pese a que los dos reinos mantenían sus leyes particulares, fue una unidad política muy real, con proyección sobre Europa, en particular Francia y el Mediterráneo. Fernando quedó como rey de Castilla en igualdad con Isabel, aunque el Tanto monta no valdría para Aragón, en apariencia porque la reina no se interesó, aunque en 1475 y 1480 aportaría tropas para el socorro de Perpiñán, en cuyo recobro mostrarían escaso interés las Cortes catalanas; y en 1480 envió una escuadra a Sicilia, posesión aragonesa, más específicamente catalana, para afrontar la amenaza turca sobre la isla. Por otra parte los dos monarcas demostrarían una talla política nada común.
ResponderSuprimirSin embargo no dejaba de ser una unión muy desigual. Castilla se extendía sobre dos tercios de España con acaso cuatro millones de habitantes, y parece haberse repuesto mejor que otras regiones de las calamidades de los siglos XIV y XV. Aragón ocupaba en torno a un quinto de la península, y su población, unas 800.000 personas, había descendido mucho con respecto a la de un siglo y medio antes, debido a las pestes, las hambres y las guerras civiles. Económicamente, Castilla también había resistido mejor los desórdenes del siglo XV, y su producción cerealista y ovina, sus talleres textiles (de paños menos refinados que los noreuropeos), su comercio con el norte de Europa y el Mediterráneo, más los beneficios de las peregrinaciones a Santiago, convirtieron al conjunto de sus ciudades de la meseta norte, más Toledo y algunas del Cantábrico, en la región más próspera y poblada de la península. Ello ocurría por primera vez en la historia, pues durante dos milenios la parte más rica y populosa había sido el valle del Guadalquivir y aledaños, excepto en la época de gloria de Cataluña y Mallorca, entre los siglos XIII y XIV. La corona aragonesa en la península vivía tiempos difíciles, excepto Valencia, que había sustituido a Cataluña como el reino más culto, próspero y dinámico. La ciudad de Valencia quizá llegó a los 70.000 habitantes, mientras que Barcelona había caído desde 50.000 a poco más de la mitad, cifra que alcanzaban Toledo, Valladolid o Córdoba, mientras Sevilla, la mayor de la corona castellana, llegaba a 45.000. Castilla, en suma, era una potencia en auge, mientras que Aragón decaía desde hacía un siglo.
"Castilla" abarcaba los reinos de Galicia, León, Toledo Murcia, Sevilla, Córdoba y Jaén, el señorío de Vizcaya y el principado de Asturias, además de Castilla propia, la Castilla Vieja; pero la unidad estaba bien consolidada, como indica el hecho de que apenas se registraran impulsos secesionistas durante las continuas guerras civiles y desórdenes o las contiendas con portugueses y aragoneses durante el siglo XV. La corona de Aragón había logrado mantener una sorprendente unidad básica, pese a sufrir mayores desavenencias internas.
Estas diferencias se ampliaban al propio concepto de la monarquía y la legalidad. Se ha insistido en la diferencia entre la tendencia "absolutista" de la monarquía castellana y la "pactista" de Aragón. Por absolutismo no se entiende, desde luego, algo como el absolutismo del siglo XVIII y menos aún al totalitarismo del XX, sino la clara preeminencia del monarca, como legislador y ejecutor, sobre la oligarquía y las demás instituciones; el pactismo aragonés, por el contrario, consideraba al rey solo un primus inter pares, según la célebre fórmula de ofrecimiento al monarca: "Nos, que somos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos principal entre los iguales con tal de que guardéis nuestros fueros y libertades, y si no, no". De ahí la frase de Alfonso IV de Aragón a su esposa Leonor de Castilla: "Nuestro pueblo es libre y no está sojuzgado como el pueblo de Castilla, porque ellos me tienen a mí como a Señor y nosotros a ellos como buenos vasallos y amigos". Frases que no deben llamar a engaño: el "pueblo" de Alfonso era la oligarquía nobiliaria y burguesa, que, como hemos visto, exprimía y oprimía a la población campesina, artesana y menestral con bastante más rigor que en Castilla. Eiximenis, teorizador privilegiado del pactismo, exponía bien clara esa actitud. Por otra parte, como hemos visto, la idea de un rey absoluto en Castilla aparecía como un ideal para aplacar los desórdenes, pero ese ideal "absoluto" apenas se cumplía.
ResponderSuprimirLa historia de Europa hasta entonces y, por supuesto, la hispana ya desde los godos, cabe describirla en gran parte como una lucha irresuelta entre el principio monárquico y el oligárquico o pactista. El rey no podía prescindir de las oligarquías, en las que todo poder se asienta forzosamente, pero intentaba escapar a su tutela. A ese fin solía aliarse con las ciudades y las capas medianas e incluso bajas de la sociedad, aunque no podía descansar de verdad en ellas. Las Cortes, un principio real de democracia, habían ampliado la base del poder, pero sus presiones solían girar en torno a privilegios para cada grupo social representado, e impuestos que pagarían "los de abajo". El problema radicaba en organizar el gobierno de tal modo que el monarca no pudiera ejercer un poder despótico ni los partidos oligárquicos llevar el país al caos. Para solventarlo se había sustituido el principio electivo por el hereditario, ya en los concilios de Toledo, sin resultado muy satisfactorio. Pero la contradicción de intereses y la inestabilidad correspondiente, vistas en conjunto, habían permitido asentar una civilización muy vivaz y evolutiva, con un balance general positivo.
De los demás reinos, la pequeña Navarra cispirenaica tenía unos 10.000 kilómetros cuadrados y en torno a cien mil habitantes. Una parte esencial de su economía giraba en torno al Camino de Santiago y al comercio por los puertos guipuzcoanos. En la mitad norte predominaba el vascuence y en el resto un romance muy próximo al castellano, y aunque la lengua de la corte era el francés y fuerte la influencia del país vecino, existía un partido no menos fuerte, favorable a Castilla. Pamplona y Tudela eran sus ciudades mayores, aunque pequeñas, de cinco o seis mil habitantes cada una.
Portugal, con unos 90.000 kilómetros cuadrados y un millón de habitantes, vivía un gran momento. En 1415 había conquistado Ceuta e iniciado su expansión por el Atlántico. Al año siguiente el infante Enrique el Navegante fundó en Sagres, el extremo suroeste de Portugal, una escuela de navegación y confección de mapas. En 1427, los portugueses descubrieron las Azores, se lanzaron a explorar la costa africana y en 1488 Bartolomé Díaz llegó al extremo sur, el Cabo de las Tormentas, rebautizado luego De Buena Esperanza. Estas empresas daban comienzo a la aquí llamada Edad de Expansión europea. Con ellas y la privilegiada situación de Lisboa, Portugal prosperaba y se convertía en una verdadera potencia en Europa.
ResponderSuprimirCastilla, Aragón, Cataluña y Portugal son productos tardíos de una reconquista emprendida por Oviedo y León, algo más tarde por Navarra, fundada histórica, jurídica y políticamente en el reino hispanogodo. La formación de estos reinos hacía muy improbable, según hemos observado, la reunificación, que nunca llegaría a completarse, pero cumplida en lo principal bajo los Reyes Católicos: en definitiva, las tendencias centrípetas terminaron predominando sobre los poderosos impulsos centrífugos existentes en todas las sociedades, y surgía una nueva etapa histórica, expresada a su manera en la crónica de Muntaner: «si aquest quatre reis (...) d'Espanya, qui son una carn e una sang, se tenguessen ensems, poc dubtaren e prearen tot l'altre poder del mon»("Si los cuatro reyes de España, que son una carne y una sangre, se mantuvieran unidos, poco temerían y en poco tendrían al poder del resto del mundo").
Aunque los Reyes Católicos fueron reconocidos como de España dentro y fuera del país, no se llamaron así oficialmente, debido a la protesta de Portugal (del rey Alfonso V) que se seguiría considerando español durante unos siglos; y a la esperanza de redondear la unidad algún día. Como observa L. González Antón, no es cierto el dicho orteguiano de que "Castilla hizo España", aunque a partir del siglo XII o XIII Castilla cobrase el mayor ascendiente en la península. España era una realidad política anterior a la invasión mora, sin la cual muy difícilmente habría ocurrido la Reconquista. Y esta, a su vez, no había sido iniciada por Castilla, ni culminada por una absorción, sino por una unión. Además, Castilla incluía para entonces varios reinos distintos de la Castilla original. Con todo, la potencia cultural, política y económica castellana haría disminuir la heterogeneidad regional creada por las circunstancias bélicas de los siglos anteriores. La lengua castellana absorbería a los romances leonés, aragonés y navarro, y su uso como lengua culta y política se extendería por Valencia, Cataluña, las Vascongadas, Galicia e incluso Portugal, hasta conformarse como idioma común, el español por antonomasia, sin eliminar por ello el uso del catalán, el vascuence o el gallego en las zonas respectivas.
Hace 70 años por estas fechas terminaban no una, sino dos guerras civiles: la general entre los nacionales y el Frente Popular y, dentro de éste, la de negrinistas y comunistas contra anarquistas, republicanos y la parte más democrática del PSOE. Esta última había conducido al final de la primera.
ResponderSuprimirLos últimos días, una multitud de rojos (así se solían llamar ellos mismos entonces), entre ellos muchos comprometidos en el terror contra las derechas, se había amontonado en el puerto de Alicante tratando desesperadamente de escapar de lo que preveían un ajuste de cuentas por parte de sus enemigos. Sus jefes habían tenido tiempo para preparar la evacuación, pero sólo se preocuparon de huir ellos, llevándose inmensos tesoros robados –literalmente robados– a la sociedad y al patrimonio histórico y artístico español. La escuadra, que habría podido evacuar a buena parte de los desesperados, se había escapado por su cuenta al puerto francés de Bizerta, en Túnez.
Una superchería corriente es la pretensión de que los nacionales se rebelaron contra un Gobierno legítimo y una República democrática. Fue muy diferente. El Gobierno legítimo fue precisamente el que arruinó lo que tenía de democrática la República. Y su legitimidad no deriva de unas elecciones normales y democráticas, como habitualmente se afirma, pues, aparte de las violencias que las acompañaron, nunca se publicaron las votaciones reales de los partidos. Resulta muy adecuado que el actual Gobierno se identifique con aquel Frente Popular: está arruinando, con una filosofía parecida, la democracia salida de la reforma del franquismo en la transición.
ResponderSuprimirEl liberal Gregorio Marañón había explicado: "Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico". Besteiro, uno de los sublevados contra Negrín y los comunistas, diría: "Estamos derrotados por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizá los siglos. La reacción a este error de la república la representan genuinamente, sean cuales sean sus defectos, los nacionalistas que se han batido en la gran cruzada antikomintern". Marañón hablaría en el mismo sentido: "Tendremos que estar maldiciendo varios años la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado (a los nacionales)?". He repetido muchas veces estas citas y otras parecidas porque son necesarias para iluminar la realidad histórica frente a tanta desvirtuación como ha circulado masivamente en estos años. Uno siempre puede optar entre Besteiro-Marañón y entre Negrín-la Pasionaria. En estos años ha prevalecido en el mundillo intelectual y político la preferencia por los últimos, más reveladora que un extenso discurso.
Se trata básicamente de la propaganda elaborada por la Comintern comunista, reproducida desde los años 60 por historiadores de la misma ideología, como Tuñón de Lara o Gabriel Jackson. Acerca de ella expresaba su indignación otro de los más distinguidos intelectuales liberales españoles del siglo XX, el doctor Gregorio Marañón: "Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud". El reconocido historiador británico Paul Johnson ha señalado la guerra de España como uno de los episodios del siglo XX sobre los que más se ha mentido. Creo que se debiera imitar a Ortega y a Marañón, y precaverse contra esa "constante mentira comunista", hoy nuevamente tan en boga.
ResponderSuprimirSegún esa propaganda, la guerra de España enfrentó a la democracia y al fascismo. Pero si se presta atención a los integrantes del Frente Popular y sus aliados, verán cuán imposible es tal pretensión. Ni los anarquistas ni los comunistas ni los socialistas de entonces, en muchos aspectos más radicalizados que los comunistas, tenían nada de demócratas. Tampoco el racista Partido Nacionalista Vasco, ni los republicanos de izquierdas y nacionalistas catalanes, que habían intentado golpes de estado nada más perder las elecciones democráticas del 1933. Y, en fin, como no pueden ignorar ustedes, aquel Frente Popular estuvo dirigido, más que protegido, por Stalin, a quien, supongo, nadie calificará en serio de demócrata.
En la guerra de España la democracia no jugó ningún papel, pues la relativa democracia republicana había sido destruida previamente en dos golpes sucesivos. El primero fue el movimiento revolucionario de octubre de 1934, contra un gobierno de derecha plenamente legítimo y respetuoso con la ley. La revolución fue organizada, textualmente como guerra civil, por el PSOE con el fin explícito de imponer un régimen de tipo soviético; y por los nacionalistas catalanes, con fines separatistas. La apoyaron los comunistas, los anarquistas (en parte) y los republicanos de izquierda. El ataque a la legalidad fracasó en dos semanas, pero dejó 1.400 muertos y cuantiosas destrucciones.
El segundo golpe a la democracia fue el proceso revolucionario desatado tras las elecciones de febrero de 1936. Elecciones irregulares por sus violencias y sus fraudes, reconocidos por Azaña, el republicano de izquierda que pasó a gobernar entonces. Las izquierdas, agrupadas en el Frente Popular, ganaron en escaños, aunque empataron en votos, y de inmediato comenzó a imponerse la ley desde la calle, mientras el gobierno destituía ilegítimamente al presidente de la República, Alcalá-Zamora, arrebataba despóticamente escaños parlamentarios a la derecha, depuraba el alto funcionariado, liquidaba la independencia del poder judicial y amparaba unas violencias callejeras que en sólo cinco meses causaron 300 muertos, centenares de incendios de iglesias, centros culturales y políticos de la derecha, periódicos, etc. Las izquierdas respondían con amenazas de muerte, en pleno Parlamento, a los líderes derechistas, el moderado Gil-Robles y el más extremista Calvo Sotelo, cuando éstos pedían al gobierno, simplemente, que cumpliese e hiciese cumplir la ley.
ResponderSuprimirAl negarse a cumplir la ley y anularla activamente por medio de actos consumados, el gobierno del Frente Popular perdió una legitimidad ya dudosa de origen. El arrasamiento de la legalidad democrática por las izquierdas y la total descomposición del estado quedaron de relieve cuando una fuerza mixta de policías y milicianos socialistas secuestró en su casa y asesinó a Calvo Sotelo, después de haber fallado en el intento de hacer lo mismo con Gil-Robles. Aquel crimen colmó el vaso y empujó a la rebelión a una parte del ejército, que venía preparándose para ella ante el cariz de los sucesos, pero era muy renuente a emprenderla, entre otras cosas por la gran probabilidad de ser vencidos. Probabilidad que estuvo a punto de materializarse.
Y, cuando la ley cae por tierra, en todos los países vienen las atrocidades y las venganzas, cometidas en España por los dos bandos. Pero el gran responsable de haber llegado a ese extremo fue el Frente Popular, al cual una propaganda grotesca pretende identificar con la democracia. Contra la "irritante mentira roja", el alzamiento derechista y la guerra no destruyeron la democracia, sino al revés: la destrucción de la democracia por aquellas radicalizadas izquierdas ocasionó la guerra. La cual no fue una pugna entre demócratas y fascistas, sino entre totalitarios de izquierda y autoritarios de derechas: la dictadura de Franco jamás llegó al absolutismo de las comunistas ensayadas en España e impuestas a la mitad de Europa después de 1945.
ResponderSuprimirCabe recordar, además, las numerosas atrocidades, con torturas y asesinatos, entre unos y otros partidos de izquierda. Y la represión franquista de posguerra no debe oscurecer el hecho de que los jefes del Frente Popular huyeron todos, sin la menor preocupación por el salvamento de miles de seguidores suyos comprometidos en el terror contra las derechas. Estos últimos, culpables de crímenes espeluznantes, fueron juzgados y ejecutados por el franquismo al lado de bastantes inocentes. Pero es un insulto a los inocentes equipararlos a todos bajo el título de "víctimas del franquismo".
Añadiré a las citas de Ortega y de Marañón, el comentario de uno de los mayores novelistas españoles de la época, el liberal Pérez de Ayala, sobre el Frente Popular: "Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza". Marañón observó que "todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez". Y las citas podrían alargarse mucho.
Pues bien, estos tres intelectuales, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, habían sido declarados "padres espirituales de la República", por sus esfuerzos para traer a España una democracia liberal. La misma que fue echada abajo por las violencias revolucionarias. "Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico", constató Marañón amargamente. Termino con una cita del propio Azaña, líder de las izquierdas burguesas, sobre la calidad de aquellos republicanos: "política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta".
En fecha tan tardía como 1893, Francesc Cambó inició la tarea de predicar el catalanismo por las tierras de Cataluña. Sería él mismo quien, en sus Memorias, describiría el ambiente con que se encontró.
ResponderSuprimirEn su conjunto, el catalanismo era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893, inicié en el mi actuación (...) Organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés, donde había algún catalanista aislado (...) no creo que hiciéramos grandes conquistas: los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio (...) Aquél era un tiempo en el que el catalanismo tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conocían entre sí.
Las palabras de Cambó serían confirmadas por Josep Pla, que añadiría:
Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista: era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado.
Francesc Cambó.Desde luego, no dejaba de ser una situación peculiar la descrita por los dos ilustres catalanes si se tiene en cuenta que, de acuerdo con los postulados del nacionalismo, Cataluña es una nación oprimida por España. Por el contrario, lo que escribían sobre la situación de hace más de un siglo Cambó y Pla resulta lógico si se tiene en cuenta que, en términos reales y no míticos, fidedignos y no mentirosos, la historia de Cataluña y de los catalanes siempre ha sido la historia de España.
Desde luego, los romanos –que crearon el término Hispania– siempre incluyeron en sus límites los territorios de la que, ya muy avanzada la Edad Media, sería Cataluña. No en vano Tarraco, la actual Tarragona, fue capital de una de esas Hispanias. Lo mismo sucedió cuando, deshecho el Imperio Romano, se estableció en la Península un dominio visigodo que cristalizaría en un reino de España.
Significativo resulta, por ejemplo, que la primera capital de ese reino, con Ataúlfo, estuviera en Barcelona. Sabido es que muy pronto la capital, con lógica irrefutable, se trasladó al centro de la Península, y más concretamente a Toledo, pero a esas alturas los escritores visigóticos, con Isidoro de Sevilla a la cabeza, hablan de una nación llamada España cuyas raíces son romanas y cristianas y a la que han llegado recientemente los godos. Semejante visión no quebró –todo lo contrario– cuando la invasión islámica de 711 pulverizó el reino visigótico. El reino, no España, que se aprestó inmediatamente a la resistencia frente al invasor musulmán.
En un intento de protegerse de un ataque islámico, los reyes francos se apoderaron de unos territorios situados al sur de los Pirineos, a los que denominaron Marca Hispánica (nombre, ciertamente revelador,) y a los que convirtieron en zona de salvaguarda. Sin embargo, de manera bien significativa, los monarcas francos fueron conscientes de que aquel territorio que siglos después sería Cataluña era ya entonces España.
ResponderSuprimirEn abril de 815, poco después de la creación del condado de Barcelona como separación entre el reino de los francos y los musulmanes, Ludovico Pío, rey de Aquitania y soberano de Septimania, promulgó un precepto destinado a la protección de los habitantes del condado de Barcelona y otros condados subalternos. En el texto se habla, literalmente, de los "españoles" Juan, Chintila y un largo etcétera, y, sobre todo, se dice algo enormemente interesante sobre los habitantes de lo que ahora denominamos Cataluña:
Muchos españoles, no pudiendo soportar el yugo de los infieles y las crueldades que éstos ejercen sobre los cristianos, han abandonado todos sus bienes en aquel país y han venido a buscar asilo en nuestra Septimania o en aquella parte de España que nos obedece.
Estatua erigida a Ramón Berenguer IV en el Retiro madrileño.En el documento –como era de esperar– no aparece la palabra "Cataluña" ni la palabra "catalanes" porque eran ideas aún inexistentes, pero sí se hace referencia a cómo esa zona territorial formaba parte de España y a que sus habitantes eran españoles.
Hasta el año 1096 la familia de los condes de Barcelona –que seguían siendo vasallos del reino franco– fue de origen extranjero, y, con la excepción de Berenguer III, que se casó con María, hija del Cid Campeador, los matrimonios siempre se contrajeron con mujeres procedentes de algún lugar situado al norte de los Pirineos.
En el año 1137 un conde de Barcelona llamado Ramón Berenguer IV rompió con esa tradición, seguida durante siglos por sus antecesores, y contrajo matrimonio con la princesa Petronila de Aragón. De esta manera, el condado de Barcelona –que ni era Cataluña, ni era una nación catalana, ni tenía pretensión de serlo– volvía a reintegrarse en el proceso de reconstrucción, de reconquista, de una España que había estado a punto de desintegrarse por completo a causa de la invasión islámica. Y lo hacía como parte no de una confederación catalano-aragonesa, como dicen los nacionalistas, a pesar de que jamás aparece tal nombre en las fuentes históricas, sino como parte de la Corona de Aragón.
ResponderSuprimirEsa conciencia de que Cataluña era tan sólo una parte de España y no una nación independiente la encontramos también en los reyes que ejercieron sobre ella su soberanía. Citemos algunos ejemplos. Cuando, en 1271, Jaime I salió del Concilio de Lyon, tras haber ofrecido la cooperación de sus hombres y de su flota para emprender una cruzada, exclamó: "Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España". De la misma manera, cuando socorrió a Alfonso X de Castilla en la lucha contra los moros de Murcia, Jaime I sostuvo que lo hacía "para salvar a España". De manera semejante, el rey Pedro III afirmó que había salvado el honor de España al acudir a Burdeos para batirse con Carlos de Anjou, manteniendo su palabra.
Y si esto pensaban los monarcas que reinaban –entre otros territorios– sobre Cataluña, no otra cosa pensaban sus historiadores. En el siglo XIV, el catalán Ribera de Perpejá escribió la Crónica de Espanya, en la que señalaba precisamente cómo Cataluña era una parte de esa España despedazada por la invasión musulmana pero ansiosa de reunificación. Y el gran historiador catalán Ramón Muntaner reclamó una política conjunta de los cuatro reyes de España, que son, escribió, "d'una carn e d'una sang".
Nada de esto puede extrañar, si se tiene en cuenta que guerreros tan catalanes como los almogávares se lanzaban al combate gritando no Cataluña, sino "¡Aragón! ¡Aragón!". ¿Hubieran podido gritar otra cosa, cuando Cataluña no era sino una parte de la Corona de Aragón y no una nación independiente?
Por su parte, Bernat Desclot, un autor cuya lectura sería más que sobrada para desmontar la mayoría de las mentiras históricas del nacionalismo catalán, nos ha dejado referencias bien significativas. Por ejemplo, al mencionar la batalla de las Navas de Tolosa (1212) señaló, en su Crónica, que en dicho combate habían intervenido "los tres reyes de España, de los cuales uno fue el rey de Aragón".
ResponderSuprimirDe la misma manera, al narrar un viaje del conde de Barcelona a Alemania para entrevistarse con el emperador, Desclot relató que aquél se había presentado ante su majestad imperial diciendo: "Señor, yo soy un caballero de España". Acto seguido, ese mismo conde de Barcelona había dicho a la emperatriz alemana: "Yo soy un conde de España al que llaman el conde de Barcelona". No resulta extraño que el emperador, según nos cuenta el mismo Bernat Desclot, dijera a su séquito: "(...) han venido dos caballeros de España, de la tierra de Cataluña".
No cabe duda de que los catalanes medievales –mal que les pese a los nacionalistas– tenían las ideas muy claras, y éstas no eran formar parte de una nación independiente.
Con esos antecedentes repetidos vez tras vez no puede sorprender que, durante los siglos siguientes, Cataluña y los catalanes se sintieran hondamente españoles. Como el resto de los españoles, participaron en la guerra civil de inicios del siglo XVIII, que algunos pretenden presentar falsamente como un conflicto independentista catalán, cuando fue un enfrentamiento dinástico. Defendían –con personajes como Casanova, convertido en icono nacionalista– no la independencia de la nación catalana, sino al pretendiente austriaco frente al borbónico.
Como el resto de los españoles, los catalanes también resistieron al invasor francés en el Bruch y en el asedio de Gerona, y no deja de ser significativo que una de las heroínas españolas más famosas de la guerra de la independencia fuera la catalana Agustina de Aragón.
Como el resto de los españoles, también los catalanes combatieron en Marruecos en 1859, a las órdenes de un general catalán llamado Prim, y desfilaron por las calles al sonido de Los voluntarios, una marcha militar que se interpretó entonces por primera vez.
ResponderSuprimirComo el resto de los españoles, los catalanes sufrieron también el desastre de 1898. Cuatro de los 33 últimos soldados de Filipinas fueron catalanes.
Enric Prat de la Riba.Como el resto de los españoles, en suma, sufrieron las alegrías y tristezas de la historia de España, sin excluir la guerra civil de 1936, en cuyos dos bandos participaron. Nadie puede olvidar, por ejemplo, al Tercio de Montserrat, que, encuadrado en el ejército nacional, dejó su sangre, por ejemplo, en la batalla del Ebro.
No puede extrañar que, como señalaba Cambó, no hubiera apenas catalanistas antes de él, o que, como dejó escrito Pla, los pocos que existían tuvieran fama de chalados. ¿Cómo iba nadie a creer en el nacionalismo con ese pasado histórico? A día de hoy, una mentira histórica tan monstruosa como la del nacionalismo pretende cerrar los ojos de los catalanes a la verdad. Para ello ha seguido la consigna de Prat de la Riba:
Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes... Esta obra no la hizo el amor... sino el odio.
Tristes son las palabras de Prat de la Riba, pero no pueden ser tachadas de falsas. Durante décadas, los nacionalistas han inoculado en sucesivas generaciones de Cataluña ese odio a España, una España a la que se ha pintado no como la madre común, sino como una opresora; no como el tronco que sustenta las diferentes ramas nacionales, sino como un árbol odioso y extraño.
Además, los que han sembrado el odio se han empeñado en usurpar el nombre de Cataluña, como si fuera de su propiedad exclusiva, y se han permitido tachar de catalanófobos a los que no comparten los delirios del nacionalismo y tan sólo aspiran a que Cataluña sea una tierra en la que ni se asalte ni se agreda a los que no son nacionalistas; en la que la lengua catalana no sea barrera de separación sino instrumento de unión; en la que los padres puedan educar a sus hijos en su lengua madre, en la que no se vea al resto de España como enemigos sino como hermanos y en la que la ley sea la misma para todos, independientemente de que sean o no nacionalistas.
ResponderSuprimirPara impedir tan nobles metas, para implantar el nacionalismo en centenares de miles de corazones, el nacionalismo catalán ha tenido que recurrir al uso sistemático e ininterrumpido de la mentira, una mentira que, entre otras cosas, afirma que Cataluña es una nación.
http://www.esradio.fm/es-la-noche-de-cesar/multa-de-1200-euros-a-una-tendera-catalana-por-poner-solo-en-castellano-prohibido-fumar-1276401372/
ResponderSuprimirhttp://www.minutodigital.com/noticias/2010/08/09/eeuu-considera-que-en-espana-hay-discriminacion-linguistica/
Las cosas que empiezan así...
ResponderSuprimir“Creemos que nuestro pueblo es de una raza superior a la de la mayoría que forman España. Sabemos por la ciencia que somos arios […] También tenderemos a expulsar todo aquello que nos fue importado de los semitas del otro lado del Ebro: costumbre de moros fatalistas”
Pompeu Gener, presentación de la Setmana Catalanista, 4 de enero de 1900
... siempre terminan con una antorcha en la mano.
http://www.flickr.com/photos/bernatff/4013896032/
¿Es el Valle de Arán una nación?
Pues eso.
http://www.youtube.com/watch?v=_XNZs-I8BSY
"Xabier Maqueda, senador del PNV: los no nacionalistas no tienen derecho a vivir
El senador del PNV Xabier Maqueda asistía como invitado a un mitin del Partit Socialista de Mallorca."
¡Vaya demócrata eh!
"Hay que matar a todos los del PP". Esta es la solución que da el empresario ultranacionalista Ramón Bagó, ex alto cargo de Convergencia y presidente del grupo SERHS, para imponer el Estatut sin discrepancias de ningún tipo.
Hay que celebrar que por fin los nacionalistas se hayan quitado la careta definitivamente y muestren así el tipo de estado que quieren imponer en Cataluña: Totalitario, fascista y antidemocrático, donde toda discrepancia sea acallada no metafórica sino literalmente por la vía del asesinato del oponente."
¡Otro gran demócrata eh! Y no de los años 30, sino del siglo XXI. Y algunos preocupados por expedir certificados de defunción de generales muertos hace más de 30 años mientras aplauden a los tiranos que vivitos y coleando someten a sus pueblos, desde la cuba castrista a las teocracías islamistas. ¡Vaya lujazo eh!
"El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia." (Miguel de Unamuno)
ResponderSuprimirSobre el nacionalismo catalán: "Petulante vanidad de un pueblo que se cree oprimido." (Miguel de Unamuno)
"Socialismo significa la elevación y purificación de la conciencia individual, y su implantanción será el resultado de una larga serie de esfuerzos. Todos, en realidad, desde el profesional al obrero, pueden poner una piedra en este edificio, realizando un acto socialista todos los días y preparando así el derrocamiento de la sociedad existente".
(Benito Musolini) Gran ejemplo de socialismo nacionalista, el Montilla de los años 30.
Lo que ocurre es que cuando uno se interpone a los delirios y los principios fundamentales de la tribu, primero es señalado como traidor a esas esencias, después es erosionado, degradado e insultado, como es mi caso, y finalmente es marginado y colocado en la muerte cívica. En Cataluña la muerte cívica, en el País Vasco es la física. Esta es toda la historia del nacionalismo. Y que no nos vengan con cuentos del nacionalismo pacífico porque no es verdad. Los nacionalismos son todos iguales. Por ciertas circunstancias unos se pueden volver más violentos que otros, pero la esencia del nacionalismo es esa. Se busca una unidad místico-sentimental, que es lo que buscaba el franquismo, una unidad de destino universal. Estas eran las frases clásicas de Franco. Lo que funciona bien para el nacionalismo es un cierto totalitarismo, aunque se ponga bajo la excusa de la democracia. El nacionalismo sólo permite afirmaciones y, toda doctrina que descarte la duda, la negación, es una forma de fanatismo y estupidez. El nacionalista cree que el lugar donde nació es el mejor lugar del mundo; y eso no es cierto. El patriota cree que el lugar donde nació se merece todo el amor del mundo; y eso sí es cierto. El nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño. Para un nacionalista catalán, toda persona que disienta de sus puntos de vista es, por definición, un nacionalista español, el sistema mental de un nacionalista no va más allá de la dicotomía maniquea entre un "nosotros" y un "ellos". El nacionalismo en general es imbecilizador, aunque los hay leves y graves, los del forofo del alirón y el que se pone el cuchillo en la boca para matar. Hay gente sin conocimientos históricos, el nacionalismo atonta y algunos son virulentos. Existe una tentación muy totalitaria en la izquierda con raíces en el nacionalismo. En sus manifiestos y libros los terroristas describen sus ataques contra la democracias como la 'estrategia de la tensión'.La idea es que es más fácil pasar del fascismo al comunismo que de la democracia al comunismo.Por lo tanto,los 'revolucionarios' deben primero inducir a los gobiernos democráticos hacia un comportamiento fascista a fin de edificar una segunda fase,un socialismo a partir de las cenizas del fascismo. Ningún sistema socialista puede ser establecido sin una policía política. No hay diferencia entre comunismo y socialismo, excepto en la manera de conseguir el mismo objetivo final: el comunismo propone esclavizar al hombre mediante la fuerza, el socialismo mediante el voto. Es la misma diferencia que hay entre asesinato y suicidio. El socialismo puede establecerse por la fuerza, como sucedió en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas — o a través del voto, como en la Alemania Nazi (Nacional Socialista). El grado de socialización puede ser total, como en Rusia — o parcial, como lo fue en Inglaterra. Teóricamente, las diferencias son superficiales; en cuanto a la práctica, es sólo cuestión de tiempo. El principio básico, en todo caso, es el mismo.
ResponderSuprimirEl Socialismo es aquella doctrina que exige que el hombre no tenga derecho a existir para su propio bienestar; que su vida entera y su trabajo no le pertenezca a sí mismo, sino a la sociedad; que la única justificación de su existencia sea servir a la sociedad y que sea esa sociedad la que pueda disponer de él de la manera que le plazca y en aras de lo que considere su tribu; es decir, para un bien colectivo, de ahí su proximidad con el nacionalismo que antepone derechos colectivos de su tribu a los individuales de la persona arrebatándole a este su propia dignidad como individuo libre. Cuando uno observa las pesadillas de los desesperados esfuerzos realizados por cientos de miles de personas que luchan por huir de los países socializados de Europa, por escapar a través de las alambradas, bajo el fuego de las ametralladoras — uno no puede seguir creyendo que el socialismo, en cualquiera de sus formas, esté motivado por la benevolencia y el deseo de alcanzar el bienestar del hombre. El socialismo es el fantástico hermano menor del despotismo casi difunto, cuya herencia quiere recoger; sus esfuerzos son, pues, reaccionarios. Desea una plenitud de poder del Estado como el propio despotismo no tuvo jamás; sobrepasa lo que enseña el pasado, porque trabaja por reducir a la nada formalmente al individuo: es que éste le parece un lujo injustificable de la Naturaleza y debe ser corregido por él en un órgano útil de la comunidad. Los dos partidos adversarios, el socialista y el nacionalista, cualesquiera que sean los nombres que tengan en las diversas comarcas de Europa, son dignos el uno del otro: la envidia y la pereza, en el uno y en el otro, son las potencias motrices. En uno de los campos se quiere trabajar lo menos posible con los brazos; en el otro lo menos posible con la cabeza: en el último se odia, se envidia a los individuos eminentes que se engrandecen en su seno, que no se dejan colocar en filas para una acción en masa; en el primero se odió a la casta de la sociedad mejor establecida en condiciones más favorables, cuya misión, la producción de los beneficios superiores de la civilización, hace interior la vida más pesada y dolorosa. El socialismo es otra forma de colectivismo, como el nacionalismo, pero sin sangre y a veces con boina.
ResponderSuprimirSobre los intelectuales. Es uno de tantos mitos absolutamente sin base. Hubo una división entre los intelectuales, como en el resto de la población. Creo que la reacción más significativa fue la de los "padres espirituales de la República", Ortega, Marañón y Pérez de Ayala. Marañón dirá de las izquierdas, ya durante la guerra: "Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?"
ResponderSuprimirY lo del páramo cultural fue un invento de intelectuales y propagandistas de izquierda, muy poco brillantes ellos mismos y que en su mayoría no se opusieron a Franco. Julián Marías, que sí sufrió cierta represión del franquismo, aclaró el asunto hace ya muchos años, mostrando la vegetación nada desdeñable del famoso "páramo".
Ni Usa ni Gran Bretaña apoyaron directamente al Frente Popular (que nada tenía que ver con la República del 31) español, porque percibieron su carácter revolucionario. Francia lo ayudó pero con mucho recelo y sin ganas. Stalin no se limitó a apoyar al Frente Popular, sino que lo satelizó por completo. Eso marca una diferencia radical con Franco, que mantuvo siempre su independencia de Berlín y de Roma. Los políticos que intentaron sacudirse la tutela soviética,en especial Largo Caballero y Prieto, fueron despedidos sin contemplaciones, los trostskistas masacrados y los anarquistas anulados. En cuanto a legitimidad democrática, el Frente Popular la perdió por completo, como señalé al referirme a Azaña, en el período que va de la elecciones de febrero del 36 a julio de ese año. Ya no le quedaba mucho que perder en ese aspecto. Por cierto, La Ley de Defensa de la República estuvo vigente durante el primer bienio, y permitía eliminar en la práctica buena parte de las libertades reconocidas en la teoría (en la Constitución) Dada su impopularidad, el mismo Azaña que la había promovido, la sustituyó por la "Ley de vagos y maleantes", que también recibió muchas críticas por razones parecidas. Mucha gente cree que esta segunda ley era franquista.
De la Guerra Civil se han hecho interpretaciones variadas, desde la basada en la supuesta lucha de clases entre los privilegiados reaccionarios y los desposeídos proletarios, hasta las de la Cruzada religioso-política, pasando por jeremiadas sobre el carácter cainita de los españoles, que han llegado a hacerse muy populares.
ResponderSuprimirEs cierto que bajo la república –y ahora mismo, desde los gobiernos del perturbado Rodríguez– hubo una tenaz incitación al odio y a la guerra civil por parte de la izquierda, especialmente del PSOE, hasta provocar con mil desmanes el odio correspondiente en una derecha que se esforzó casi todo el tiempo en mostrarse conciliadora. Pero ese odio era solo un subproducto de ideologías tipo "lucha de clases", y la guerra no nació propiamente de él, sino de la destrucción de la legalidad republicana. En todas las sociedades existen intereses diversos, centrífugos y hasta antagónicos, y es inútil invocar contra ellos buenos deseos de amor y comprensión. Por eso las sociedades solo pueden funcionar con relativa estabilidad mediante leyes aceptadas y respetadas, pues de otro modo quienes se sienten perjudicados siempre estarán cerca de rebelarse. La derecha, en su gran mayoría, aceptó la Constitución republicana, buscando reformarla por vías legales y pacíficas. Las izquierdas creyeron que "su" Constitución y demás leyes les mantendrían siempre en el poder, y al no ser así, como se vio en 1933, se rebelaron contra su propia legalidad, creando un proceso revolucionario abierto. Ello empujó a la derecha, muy contra su voluntad y con enorme riesgo de ser completamente aplastada, a sublevarse a su vez en julio del 36.
La idea del antagonismo entre los intereses de burgueses y proletarios nunca funcionó, pues quienes se decían representantes del proletariado nunca trajeron a este más que opresión extrema y pobreza, cosas de interés dudoso para los trabajadores; en cuanto a la Cruzada, hubo algo de eso por cuando los autodesignados jefes obreros y populares encontraron su mayor punto de acuerdo en la matanza del clero y la erradicación de la herencia cristiana; pero vista desde un enfoque político general, el conflicto fue mucho más complicado.
Y las lamentaciones por el pretendido guerracivilismo español, como si España fuera un país excepcional en contiendas internas, son ridículas, como he querido mostrar en Nueva historia de España; pero cada dos por tres oímos esas letanías, junto a invocaciones beatas al abandono de odios y rencores: si el carácter español fuera como dicen, podríamos contar con una nueva guerra civil en cuanto se presentara la ocasión, ya pueden invocar lo que quieran.
Las elecciones municipales de 1931 tuvieron dos fases: la celebrada sin necesidad de votación, según el artículo 29, porque solo se presentaba una candidatura, y la de aquellos ayuntamientos en que había rivalidad. En los dos casos ganaron las candidaturas monárquicas por gran mayoría. De todas formas aquellos comicios no tuvieron validez democrática, porque el nuevo régimen no publicó los resultados hasta más tarde, evidentemente manipulados (los resultados de las elecciones de 1936, que "ganó" el Frente Popular, nunca fueron publicados, por lo que fueron menos democráticas, si cabe, y ello vuelve inútiles las discusiones sobre el "verdadero" ganador). Pero en todo caso, los datos electorales no jugaron el más mínimo papel en el cambio de régimen porque, desde la misma jornada electoral, los monárquicos estuvieron resueltos a entregar el poder, casi "como fuera", según dejó claro Maura, principal organizador del movimiento republicano. Los monárquicos fueron los primeros en despreciar a sus propios votantes, un vicio persistente en la derecha, quizá debido a cierto ancestral carácter señoritil.
ResponderSuprimirDos mitos elaborados a posteriori por los monárquicos para negar legitimidad a la república son que las elecciones fueron solo municipales y que la cesión del poder provino de una presión insoportable en las calles, que haría correr ríos de sangre si se reprimiera. En realidad quienes dieron carácter plebiscitario a las municipales fueron los monárquicos Romanones, Berenguer y Aznar. De este último ha dicho el profesor Lavandeira que no pronunció la frase que se le atribuye sobre la España acostada monárquica y levantada republicana. Es posible, pero en todo caso la frase circuló inmediatamente, no fue desmentida y todo el mundo la aceptó como veraz. Quienes no pensaban tal cosa los días 12 y 13 fueron los republicanos y socialistas, según explica Maura. Ya antes de comenzar la agitación callejera, los monárquicos estaban decididos a entregar el poder.
Luego, ya a media tarde del día 13, "Las masas se manifestaban, considerándose con derecho de imponer una victoria parcial (en las capitales de provincia) como victoria total en el país, animadas sin duda por las declaraciones de los jefes monárquicos, que se habían declarado de antemano vencidos (...) Las manifestaciones fueron menos espontáneas de lo que se ha supuesto, si hemos de creer a un "excelente periodista anónimo", que cita Martínez Barrio "por su imparcialidad y veracidad". A media tarde se concentraron en el Ateneo y la Casa del Pueblo grupos de "ateneístas, estudiantes de la FUE y obreros" que "se esparcieron poco después por Madrid y, como obedeciendo a una consigna, fueron gritando por las calles, con machacona insistencia: "¡Ya se fue! ¡Ya se fue!", haciendo creer que el rey se había marchado. Hay pocas dudas de que no actuaron como obedeciendo una consigna, sino obedeciéndola. "Este grito (...) causó el efecto que quienes lo lanzaron pretendían. La gente, extrañada, empezó a afluir a la plaza de Oriente y a la Puerta del Sol". Se trató, desde luego, de una maniobra maestra cuyos autores han permanecido incógnitos, pero que no parecen haber sido los miembros del titubeante "gobierno provisional".
Las multitudes impusieron a continuación el ritmo de los sucesos, ante el temor de unos y otros a que el jolgorio degenerase en violencia. También impusieron la bandera tricolor y el himno de Riego "sin que nadie pudiese decir cómo". La bandera nació, al parecer, de un equívoco. Los colores tradicionales, rojo y amarillo, coincidían con los de la bandera de Aragón y Cataluña, y la franja morada que se les añadía quería representar el pendón de Castilla, enarbolado por los comuneros en el siglo XVI. Había sido la bandera del Partido Federalista, aunque no de la I República. Según los estudios más fiables, el dicho pendón era rojo carmesí, que en algunas banderas había desteñido a morado con el paso del tiempo, y de ahí el error. El "gobierno provisional republicano" había acordado "que no se cambiaría la bandera para evitar innumerables complicaciones que esta clase de pleitos lleva siempre consigo". El himno, tenido comúnmente por ramplón, también a los dirigentes republicanos les sonaba, "creo que con sobrada razón, malísimo e impropio. Habíamos acordado abrir un concurso para dotar al régimen de un himno razonable. Las gentes, en plena orgía, pacífica pero estrepitosa, entonaban a gritos aquel viejo sonsonete del antiguo canto republicano. No iba a ser fácil rectificar..."
ResponderSuprimirAl atardecer, "En el Ateneo apareció un empleado de telégrafos que tremolaba un papelito azul. Todos los ateneístas le rodearon. Desde el primer rellano de la escalera que conduce a la biblioteca leyó el texto de aquel telegrama, que decía: "El rey Alfonso y su ministro general Berenguer han abandonado precipitadamente Madrid. Se espera de un momento a otro que crucen la frontera. Vienen hacia París. El rey ha declinado los poderes en Melquíades Álvarez, último presidente de las Cortes". El entusiasmo que este telegrama produjo fue enorme y docenas de ateneístas salieron a esparcir la noticia por todo Madrid. El telegrama era falso y muchos de los ateneístas lo sabían, pero hizo el efecto en la opinión pública que quienes lo lanzaron querían". Así lo cuenta Vidarte, y cuesta trabajo creer que él no estuviera en la intriga, siendo uno de los más destacados agitadores masones del Ateneo (...)
En la Puerta del Sol, los guardias civiles eran ovacionados al grito de "¡Viva la guardia republicana!". Un grupo de guardias adoptó una actitud pasiva mientras la muchedumbre los envolvía aplaudiéndoles y vitoreándoles. Una muchacha, vestida de tojo (...) agitando una bandera, le echó los brazos al sargento de la Guardia Civil y le besó, en medio de una clamorosa ovación (...) Los guardias permanecían inermes y silenciosos". (Por supuesto, aquellas masas no eran "el pueblo", como suele repetirse, sino solo una parte de él, que ocupaba de aquel modo las calles).
Ya hacia las once de la mañana del día 14 había resuelto Sanjurjo definitivamente la situación. Se presentó en casa de Miguel Maura, ante el cual "se cuadró (...) y saludando militarmente, me dijo: A las órdenes de usted, señor ministro. Me quedé de una pieza". La última línea de defensa del régimen se desvanecía, si es que, con Sanjurjo en el cargo, había tenido solidez en algún momento. Los motivos de la actitud de este general, de espíritu conservador, no han sido dilucidados. Hay quien los atribuye a la conducta del rey con Primo de Rivera.
ResponderSuprimirEl conde de Romanones fue a casa de Gregorio Marañón a entenderse con Niceto Alcalá-Zamora, presidente del "gobierno provisional", y recuerda: "He pasado en mi vida malos ratos. Parecido a aquél, ninguno (...) Le dije que el gobierno no quería hacer uso de la fuerza" (...) Niceto le replicó: "No queda otro camino que la inmediata salida del Rey renunciando al trono (...) Es preciso que esta misma tarde, antes de ponerse el sol, emprenda viaje" Fingía no rendirse el conde, y don Niceto le explicó la visita de Sanjurjo. "Al oírle me demudé. Ya no hablé más. La batalla estaba perdida irremisiblemente". El comentario, con su pretendido dramatismo, resulta algo irrisorio, pues el mismo día 12 por la noche había decidido el conde que "todo estaba perdido". Don Niceto es probablemente más veraz cuando observa: "La capitulación de la corona en casa de Marañón fue ofrecida por aquella sin darnos tiempo a exigirla (...) Reflejose de ese modo, hasta en los últimos trámites, la honda verdad de que todo régimen muere por el suicidio en que remata y expía sus culpas. Húndense las monarquías por los reyes y sus cortesanos, como hacen perecer las repúblicas sus partidarios más fanáticos".
Lerroux y Azaña debieron incorporarse al gobierno ya avanzado el día 14. Azaña "no nos había dado la menor señal de vida el día 13, a pesar de los sucesos", dice Maura, que fue encargado de buscarle, tarea "no fácil". Dio con él en la casa de su cuñado Cipriano Rivas. "Allí estaba, pálido, con palidez marmórea, sin duda por haber permanecido en aquellas habitaciones más de cuatro meses (...) Le hice presente el objeto de mi visita y le conminé para que me acompañase (...) Se negó rotundamente, alegando que nosotros habíamos sido ya juzgados y prácticamente absueltos, pero que él seguía en rebeldía [y cobrando su sueldo de funcionario todo el tiempo], y cualquiera, un simple guardia, podía detenerle y encarcelarle. ¡No salía yo de mi asombro!(...) Ya me disponía a dejarle encerrado, cuando apareció su cuñado, que regresaba de la calle en un estado de excitación y entusiasmo (...) Por fin Azaña, de muy mala gana, se decidió a seguirme. Durante el trayecto en mi coche hasta mi casa fue mascullando no sé qué cosas, de un humor de perros".
[Luego vendría la "toma" del ministerio de Gobernación en la Puerta del Sol y los hechos más conocidos]. Rivas Cherif cuenta con fruición cómo Azaña, repentino ministro de la Guerra y ya repuesto de su susto, humilló a un general: "Azaña llevaba un cuarto de hora con el Capitán General de Madrid, Federico Berenguer, que en posición firme ante él, no obtenía la venia de su nuevo jefe superior para ponerse cómodamente en su lugar (...) Sus recentísimos ayudantes y secretarios contemplaban regocijados la escena con los circunstantes, a quienes se iban uniendo los curiosos que (...) penetraban hasta el mismísimo despacho del ministro". (Los personajes de la república vistos por ellos mismos).
ResponderSuprimirLa república llegó de un modo un tanto esperpéntico, pero más por parte de la monarquía que de los republicanos. La legitimidad del nuevo régimen no procede en absoluto de las elecciones, sino de los monárquicos que, insiste Maura, regalaron el poder a sus enemigos, y lo hicieron en un acto de suicidio, como expone acertadamente Don Niceto. A Franco la república no le gustaba, pero se atuvo a ella consecuentemente, pues, como haría observar en otra ocasión, había sido aceptada por el rey. Más que aceptada, entregada. Franco la defendió en 1934, y solo se rebeló cuando el Frente Popular la había reducido a cenizas (Franco para antifranquistas).
Así pues, la monarquía traspasó su legitimidad a la república, se la regaló sin la menor resistencia, ni siquiera a cambio del proverbial plato de lentejas. Claro que en aquel concurso de botaratadas, los beneficiarios se apresuraron a procesar en ausencia a su benefactor, al rey ...¡por haber traicionado la constitución! ¡Una constitución que ellos nunca habían reconocido y contra la que se habían rebelado violentamente en 1917! El casi siempre inteligente Marañón tendría amplia oportunidad de percatarse de la estupidez y canallería de aquellos políticos en los que él había confiado... algo estúpidamente a su vez.
Lo que llamamos «nacionalismos» son nacionalismos fraccionarios. Catalanes y vascos nunca constituyeron una nación política. Aparecen en el siglo XIX como partidarios de una nación de carácter místico y segregatorio, sin aportar conceptos nuevos. Son un camelo. Se fundan en la mentira histórica. Brotan de unas élites económicas, de los hidalgos locales o de la burguesía, que se mueven por resentimiento ante la lucha de clases que determina la inmigración de trabajadores procedentes de España. De ese origen va surgiendo un totum revolutum nacionalista que llega a nuestros días facilitado, creo yo, por terceras potencias. La identidad de España, que es una nación producto de una evolución histórica, como Francia. El fascismo es un concepto utilizado como insulto o calificativo, o como una metonimia: el fascista es el de un grupo político que tiene una estrategia de carácter violento. También sería fascista el estalinismo, y se confunde a Stalin con los nazis.
ResponderSuprimirLos manuales de Secundaria y Bachillerato, y los libros divulgativos (1) enseñan que el castellano fue impuesto en Cataluña, mediante un plan con premeditada vocación de desnacionalización de Cataluña, y ponen como inicio y ejemplo el Decreto de Nueva Planta de 1716, de Felipe V, quien prohibió el uso del catalán.
Otro mito. En primer lugar, no se prohibió en absoluto el uso del catalán, sino del latín, en la Audiencia. Y en segundo lugar, el proceso de castellanización no arranca ni se fortalece en 1716, sino que se trata de un proceso gradual y no impuesto que empezó mucho antes, en 1400, coincidiendo con la entronización de los Trastámara, y continuó poco a poco por otros motivos.
No me detendré a comentar la GRAN MENTIRA de que Cataluña era un ente independiente hasta la toma de Barcelona por el Duque de Berwick el 11 de septiembre de 1714, durante la fase final de la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1702-1715), pues creo que los que aquí me leen son bastante doctos en historia como para desmentir tal falacia. Baste sólo recordar el grandísimo esfuerzo que la Corona de Carlos II realizó para defender el Principado de las agresiones de Luis XIV durante todo su reinado...
ResponderSuprimirCentrémonos pues en el momento sucesorio: el 1 de noviembre de 1700 moría Carlos II declarando como sucesor al Duque de Anjou, Felipe de Borbón, hijo segundo del Delfín de Francia y nieto de Luis XIV. El nuevo rey, Felipe V, de tan solo 17 años de edad, entró en España el 22 de enero de 1701 por Irún, llegando a la Villa y Corte de Madrid el 18 de febrero donde se alojaría en el Palacio del Buen Retiro, aunque la entrada oficial y triunfal no tendría lugar hasta el 14 de abril de ese mismo año. Comenzaba el reinado del primer Borbón en España.
Se puede afirmar que el testamento de Carlos II fue aceptado de manera general en todos los reinos de la Monarquía de España, aunque también es justo decir que inicialmente existió una cierta reticencia por parte de los estados de la Corona de Aragón por el secular enfrentamiento contra Francia, en especial en el frente pirenaico-catalán (aún estaba demasiado reciente la toma de Barcelona por parte de las tropas francesas en 1697 tras un durísimo asedio), y que veían ahora entronizarse al nieto del que tanto sufrimiento había generado, Luis XIV.
Otro elemento fundamental para entender a la Cataluña de la época es la pujante burguesía mercantil que se había ido desarrollando en el Principado a lo largo del reinado de Carlos II y que había logrado poco a poco hacerse con el control político y económico del territorio en alianza con las estructuras y redes político-económicas anglo-holandesas, desarrollando aquello que algunos han dado en llamar de forma equivocada “neoforalismo”. Entre estos mercantes y comerciantes destacan nombres como los de Narcís Feliú de la Penya, Josep Narcís, Joan Kies, Arnoldo Jäger, Mitford Crowe, Cristófol Lledó, Llorenç Lledó, Joan Llinàs, Onofre Sidós, Pau i Dalmases, Jaume Teixidor, Joan Bòria, Joan Lapeira, Amador Dalmau, Francesc Dalmau, Pere Dalmau, Joan Puigguriger, etc
Sin embargo, se puede afirmar que la postura de Cataluña, y del resto de España, hacia el nuevo Rey fue de gran apoyo. Las manifestaciones populares y oficiales en su favor fueron generales y la literatura panegirista exaltó al nuevo monarca y a la nueva dinastía, salvando incluso el hecho de que Felipe V fuese francés. Así, el catalán Raymundo Costa escribía en su “Oración panegírica” (1701): “Felipe quinto para Cataluña no es extraño, sino patricio, Natural, y buen Catalán, quando la Sangre Real, que alienta sus venas ha salido de los cristales transparentes de esta perenne y clara fuente de Nobleza del Principado de Cataluña”. Por su parte, el también catalán Francesc Brú señala en su “Lamentación fúnebre” (1700): “el Rey es español por más que haya nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna; de los reinos en que mandan, no de las tierras en que nacieron [...] venga a España el serenísimo Felipe de Francia y será más español que nosotros, pues a nosotros nos hizo españoles la tierra, y a Felipe el Cielo, a nosotros la cuna y a Felipe la Corona”.
ResponderSuprimirDesde la llamada “Acadèmia dels Desconfiats” (núcleo del austracismo), si bien se exaltaron las supuestas relaciones idílicas entre el Principado y el fallecido Carlos II, también se defendió al nuevo Rey. Los académicos aceptaron el Testamento Real como última muestra de fidelidad hacia el amado Carlos II. Este argumento de defensa del nuevo Rey se basaba sobre todo en el principio de la unidad e indivisibilidad de la Monarquía, que constituía el eje central del testamento carolino, pensándose que quién la podía defender mejor era la potencia más fuerte de ese momento, es decir, la Francia de Luis XIV, abuelo del nuevo monarca católico. El punto de referencia de este austracismo catalán fue, por tanto, la exaltación de España. Paradójicamente sólo entre declarados filipistas, como Pellicer y Copons o Josép Aparici, se glorificó a Cataluña.
Una de las obras cumbre de la “Acadèmia” fueron las “Nenias Reales” que lloraban la muerte de Carlos II. En ellas, el anteriormente citado Raymundo Costa, escribía que Carlos II había dado la corona a Felipe de Anjou para que la conservase unida como “cuerpo uno y sin división de partes [...] cuerpo político, civil y místico de España” que está de acuerdo en esta Sucesión. Pero a añadía que tal “cuerpo natural” de España tenía tres cabezas: el rey legítimo español y catalán, Felipe V; las Cortes de los reinos y la Fe.
En este ambiente las principales instituciones de Cataluña (el Consell del Cent, la Diputación General de Cataluña, la Universidad,...) no cesaron en hacer llegar al nuevo Rey la necesidad de su pronta venida y la exhortación a celebrar Cortes, lugar donde Felipe V debía jurar a sus reinos y éstos prestar juramento a su Rey. Así todo quedaría conforme al Testamento de Carlos II y a las leyes, fueros y privilegios de Cataluña. Además, con la llegada de Felipe V a España los comunes catalanes exaltaron los buena nueva con celebraciones de todo tipo, destacando entre todas ellas las “Festivas aclamaciones” celebradas en Barcelona por los representantes de las instituciones catalanas junto al virrey Conde de Palma, durante las cuales se leyeron romances, poemas, villancicos y letrillas de loa y alabanza a Felipe V.
Es en este contexto de regocijo por el nuevo Rey y de fidelidad hacia su persona, es cuando se produce la visita de Felipe V a Cataluña, visita que tendrá lugar del 24 de septiembre de 1701 al 8 de abril de 1702, con el objetivo principal de la celebración de Cortes. Cataluña esperaba llena de expectación la primera visita del nuevo Rey, una visita especialmente esperada, pues hacía setenta años, desde la visita de Felipe IV en 1632, que un soberano español no visitaba el Principado.
ResponderSuprimirFelipe V debía hacer todo lo necesario para consolidar el trono recién heredado. Su abuelo Luis XIV le había aconsejado visitar inmediatamente los reinos de la Corona de Aragón para celebrar el preceptivo y recíproco juramento real en las Cortes. En la Corona de Castilla, tenida por más dócil, el día 8 de mayo se había realizado en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid el juramento y pleito homenaje, pero se había evitado la reunión de Cortes, temidas como fuente de potenciales problemas y conflictos. Pero en la vida política de Cataluña, Aragón y Valencia, las Cortes eran esenciales y resultaba conveniente celebrarlas, aun a costa de los habituales riesgos y dificultades. Felipe V salió de Madrid con destino a Barcelona el 5 de septiembre. En su viaje pasó por Alcalá, Guadalajara, Torija, Algora, Alcolea, Maranchón, Tortuera, Used, Daroca, Cariñena, Muel, Zaragoza, a donde llegó el día 16 y donde permaneció hasta el 20 de septiembre, para después partir de nuevo rumbo a Villafranca, Pina, Bujaraloz, Fraga y Lérida, donde juró los privilegios de la ciudad. De allí a Cervera, en que se repitió la misma ceremonia, y a continuación Bellpuig, Igualada, Piera, Martorell y Barcelona. Durante todo el camino el paso del carruaje real atrajo a mucha gente. Las autoridades y el pueblo acudían a contemplar al nuevo soberano y a rendirle homenaje.
A medida que el Rey se iba acercando a la capital catalana aumentó el número de personalidades que se adelantaban a recibirle y darle la bienvenida: Universidad de Barcelona, oidores del General de Cataluña, el Consell de Cent, destacando el discurso del Conseller en Cap:
“Senyor, la Ciutat de Barcelona se postra humil als Reals peus de V.M. en protestació de son verdader rendiment, y ab expressió del imponderable jubilo ab que celebra lo feliz arribo de V.M. gloriantse de la ditxa li cap, que V.M. la favoresca ab sa Real presencia, y si be est tan rellevant favor, lo te sa innata fidelitat a agigantat […]”.
No faltaron tampoco las multitudes y las aclamaciones en el recibimiento dispensado al soberano, a lo largo del camino y en los alrededores de la ciudad. El relato publicado por la Diputació del General resaltaba las aclamaciones hechas a Felipe V cuando nada más llegar a Barcelona salió a saludar al balcón de palacio: “el numeroso concurso que llenaba la espaciosa plaza empezó en alegres y festivas afectuosas aclamaciones a repetir: “Viva, viva nuestro Rey Felipe Quinto” [...] y sobre las voces echaban los sombreros al aire” (4). Sin embargo, el momento culminante se produjo con la entrada triunfante y solemne de Felipe V en la ciudad el día 2 de octubre, día en que toda la capital catalana se engalanó y mostró todos los esplendores del arte efímero barroco para aclamar a su nuevo Rey.
El día 4 se celebró el doble juramento recíproco del Rey y de los representantes del Principado. Felipe V juró las “Constitucions” de Cataluña y los catalanes le juraron fidelidad y le prestaron homenaje como su rey y señor. Finalmente, el día 12 de octubre tuvo lugar la inauguración de las Cortes catalanas que eran muy esperadas por no haberse celebrado desde 1599, bajo el reinado de Felipe III, pues las de 1626 (continuadas en 1632), ya bajo el reinado de Felipe IV, no llegaron a cerrarse
ResponderSuprimirLas Cortes catalanas, inauguradas el 12 de octubre, estuvieron funcionando durante tres meses. Como era propio de las Cortes su funcionamiento consistía en una dura negociación, en que el Rey trataba de obtener los mayores recursos posibles a cambio de las menores concesiones y el Reino buscaba conseguir el máximo de leyes favorables a sus intereses políticos, económicos y sociales y el máximo de reparación de agravios cometidos, por el mínimo de donativo. Uno de los temas más calientes fue el asunto de las desinsaculaciones, por la que las Cortes reclamaban que Felipe V renunciara a la prerrogativa que, acabada la Guerra de Secesión Catalana en 1652 tras la toma de Barcelona por don Juan José de Austria, Felipe IV se había reservado, consistente en el poder de desinsacular sin juicio previo a los insaculados en las bolsas de la Diputació del General y del Consell de Cent. Se produjo un duro tira y afloja que tuvo como resultado la renuncia al tema de las desinsaculaciones por parte de las Cortes para salvar el resto de los pactado con el Rey. A pesar de esto, el balance de las Cortes resultó muy positivo para Cataluña, sobre todo teniendo en cuenta que hacia casi 100 años que no se celebraban. Uno de los aspectos más interesantes de estas Cortes fueron las reformas económicas, encaminadas a favorecer la recuperación catalana, ya en marcha, facilitando las actividades comerciales. Tres medidas destacaban por su importancia: la autorización para erigir una casa de puerto franco en Barcelona, el permiso para enviar cada año dos barcos catalanes a América (se rompía así el monopolio castellano con las Indias, secular reclamación de la Corona de Aragón y de Cataluña en particular) y la creación de una junta encargada de proyectar y fundar una Compañía Náutica Mercantil y Universal. Se daba, por tanto, satisfacción a la importante burguesía mercantil catalana citada anteriormente.
En compensación de todas estas concesiones reales, las Cortes catalanas otorgaron a Felipe V un donativo de un millón y medio de libras. Además, para celebrar la conclusión de las Cortes y premiar los servicios prestados, así como para estrechar los lazos de los catalanes con la Corona, el Rey concedió una serie de gracias a numerosas personas (títulos nobiliarios, privilegios de nobles, nombramientos como ciudadanos honrados, etc). Podemos decir, sin duda, que tanto desde el punto de vista de Felipe V como desde el punto de vista de los catalanes el balance de las Cortes de 1701-1702 fue claramente positivo.
En el Principado se produjo también el encuentro entre Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, tras su boda por poderes del 11 de septiembre en Turín. Nuevas celebraciones por la llegada de la Reina engalanarían la ciudad condal.
ResponderSuprimirEl 8 de abril de 1702, y obligado por el inicio de las acciones bélicas, Felipe V dejaba Barcelona poniendo rumbo a Italia en medio de un clima general de fidelidad y amor al monarca, hasta el punto que Feliú de la Penya señalaba que jamás vio tales muestras de amor hacia un rey (5).
Se puede afirmar, por tanto, que tras las Cortes la popularidad de Felipe V en Cataluña se había incrementado hasta niveles altísimos. De igual modo, cuando el 20 de diciembre de 1702 Felipe V regresó de Italia y entró en Barcelona fue recibido mejor que cuando llegó a la ciudad por primera vez para celebrar Cortes (6). El ambiente general era, por tanto, de optimismo y esperanza en el futuro y solo la guerra europea que había estallado ya en Italia, ensombrecía la situación. Nada hacia presagiar el estallido del conflicto civil en 1705.
¿Qué hizo por tanto estallar el conflicto y la desafección catalana? La respuesta es clara: el conflicto entre la camarilla reformista hispano-francesa de Felipe V y el “lobby” comercial catalano-anglo-holandés que veía con recelo las reformas que se querían imponer desde Madrid para modernizar el país, pues éstas podrían poner en peligro sus intereses económicos personales y de grupo, hecho que les llevó a romper con el felipismo reformista y a apoyar al archiduque Carlos de Austria como representante, al menos para ellos, del antiguo modelo “federal” de los Austrias, apoyando además a sus aliados comerciales Inglaterra y Holanda que habían tejido importantes redes clientelares y familiares en territorio catalán. En 1704, el archiduque Carlos desembarcó en Lisboa haciendo un llamamiento al pueblo español para alzarse contra Felipe V. Durante la segunda mitad de 1704 el soporte social del austracismo aumentó entre las élites sociales y políticas catalanas, valencianas y aragonesas e incluso en puntos de Castilla. Con la amplificación del ambiente austracista se extendieron las revueltas por Valencia y Cataluña, y los sediciosos fueron acercándose a Barcelona hasta sitiarla con la ayuda de la flota anglo-holandesa el 29 de agosto de 1705, hasta la capitulación el 9 de octubre de aquel año. Se iniciaba una guerra civil que habría de durar hasta 1715 con la caída de Mallorca.
Podemos concluir, por tanto, que Felipe V fue aceptado mayoritariamente en Cataluña y que fueron los intereses económico-personales de la élite catalano-anglo-holandesa los que arrastraron al resto del Principado a la rebelión y a una de las más terribles guerras que jamás asolaron suelo hispano, unas