Desde que cayó el muro de Berlín, la izquierda está que no se halla. Esto no quiere decir que no consiga el apoyo suficiente para gobernar. En cuanto tenemos dos euros, a los europeos nos entran las ganas de fiesta; y quién mejor que los gobiernos de izquierdas para marcarse una ronda de despilfarro. Tampoco es óbice para que el popurrí de ocurrencias que conforman el pensamiento único progre no se haya convertido en la quijada de burro que todos hemos de sufrir en nuestros lumbares.
El problema que tiene la izquierda, especialmente la europea, es que en cuanto empiezan a discurrir un poco, les sale el marxista que llevan dentro y desde que se hundió la Unión Soviética, el referente marxista es Corea del Norte. Y eso no lo puede defender ni el más progre dentro de los progres. Bueno, en España, hay algunos que sí son capaces de llegar hasta ahí. Pero lo normal, es que se queden en defender a los
Castro, en considerar a
Chavéz un demócrata pintoresco y que si China no fuese tan bruta con los derechos humanos, sería la conjunción perfecta del desarrollo económico y del desarrollo social.
Así que, cuando tienen que definirse, o caen en la repugnante demagogia de la apelación a los sentimientos –no te doy ni principios, ni razones pero a cambio te doy muchos mimitos–, o se quedan en un marxismo descafeinado, estatalista e intervencionista, coincidente en muchas ocasiones con posiciones democristianas. Que nos venden como keynesianas, pero que lo son por las narices. Del primer tipo tenemos, entre otros muchos, a
Carme Chacón, que es como
Zapatero pero en pobre, en sin sal, en sin sustancia. Y del segundo tenemos, aunque también utiliza mucho la demagogia, al aspirante a candidato socialista a la presidencia de Francia,
Francois Hollande, que este fin de semana ha proclamado que su adversario es el mundo de las finanzas, que quiere crear una agencia pública de calificación, que quiere crear no sé cuantos impuestos nuevos, que quiere que el Banco Central Europeo intervenga a los especuladores y que bla, bla, bla …
Reconozco que, hoy en día, llegar a ser de izquierdas desde la razón es imposible. Que si no fuese porque se creen superiores y que siendo de izquierdas mandas, independientemente de quien gobierne, ya no existiría la izquierda política. La prueba está en que la izquierda comunista, que no comparte esas dos premisas, prácticamente ha desaparecido en Europa. Y si en España no lo ha hecho, no es porque
Spain is different, sino porque aquí mandan más que lo que representan; y porque cuanto más brutos y más de izquierdas, más superiores se sienten y muchos, más les atienden.